Familia: Identidad, Retos y Esperanza

162 actas del tercer congreso católicos y vida pública esperanza en aquello que exige de nosotros lo mejor, incluyendo sacrificios y compromiso. La esperanza no nos traerá nada llovido del cielo, sin constancia y empeño. Como señaló el profesor Laín Entralgo, la esperanza no es la espera, es mucho más , la esperanza es esfuerzo por lo posible. Como padres lo hemos visto en el esfuerzo de nuestros hijos al cursar sus estudios, y en nuestro empeño en sacar nuestras familias adelante. En realidad, la vida nos enseña que la esperanza no tiene que ver con un optimismo fácil e ingenuo. Cuando los matrimonios ponen la esperanza en sus proyectos, o en su vida en común, son muy conscientes de que les exigirá la paciencia que es consustancial a la maduración de las cosas, y la capacidad de soportar muchas contrariedades. Lejos de paralizar las energías de las personas, la esperanza las empuja a poner todo su empeño en mejorar sus condiciones presentes. La esperanza es la capacidad que tenemos de cambiar las cosas para que empiecen a ser, ya desde ahora, lo que pueden llegar a ser. Quien tiene esperanza espera activamente y empieza a dar pasos. La esperanza nos moviliza, no nos paraliza. Hace que no nos conformemos con la fotografía del presente, sino que anticipemos todas sus posibilidades, y desde esta anticipación del futuro, lo mejoremos. Traigamos a nuestra memoria la parábola del buen samaritano. Él por casualidad encontró malherido al borde del camino a la víctima de los salteadores, pero no sólo vio al hombre que tenía ante sus ojos, sino que acertó a ver a la persona que podría llegar a ser. Por eso, con la vista puesta en su recuperación lo hizo montar en su propia cabalgadura y lo llevó hasta la posada para que lo curaran. Tampoco nuestra Iglesia quiere conformarse con la situación actual de tantas familias que sufren el drama de la pobreza, los desplazamientos forzados, el divorcio o la incomunicación, sino que desde la esperanza quiere comprometerse con ellas, para desbloquear sus posibilidades y mejorar su situación presente. Por otra parte, las familias que padecen dificultades esperan en la Iglesia porque no se resignan a que su situación no mejore. No esperan cruzadas de brazos. Buscan un cambio al que todavía no saben

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