Democracia, Transparencia, Participación y Bien Común

120 actas del cuarto congreso católicos y vida pública marcha siempre contigo, y suele ser tu contrario”. No quieren saquear las arcas públicas, sino expulsar de la vida civil a quienes no piensan como ellos. Los cristianos, por el contrario, tenemos la obligación de no descartar a nadie. Un médico no descarta nunca a ninguno de sus pacientes. Un profesor no descarta nunca a niguno de sus estudiantes. Un sacerdote no descarta nunca a ninguno de sus feligreses. Un padre no descarta nunca a ninguno de sus hijos. Tenemos el deber y el privilegio de hablar con todos, sean como sean, hagan lo que hagan, y piensen como piensen. Tenemos la obligación de odiar el pecado y amar al pecador. Tenemos que amar a nuestros enemigos. Y esa aparente debilidad constituye nuestra suprema fortaleza. El “nada te turbe, nada te espante” de nuestra santa de Ávila, la imperturbabilidad serena, la calma e invencibilidad, la capacidad, como decía san Pedro Poveda, de ser “crucifijos vivientes” cuando alguien pretenda borrar a Jesucristo de la historia, se revela más poderosa que los más formidables planes sectarios. Sin embargo, a veces no somos capaces de explicar nuestra propuesta. Dice François Bayrou que nos comportamos como si no la tuviéramos. Y que, en todo caso, lo que parece indiscutible es que no sabemos dónde vamos, si es que vamos hacia alguna parte 11 . ¿No habíamos encontrado la Verdad? ¿No queríamos instaurar el Reino de Dios? Entonces, ¿por qué nos resignamos a expresar una opinión tímida o, a lo sumo, a promover una civilización “humanista” en vez de proclamar la Verdad? Y no digamos el Reino: Emmanuel Mounier, que no era precisamente un pensador ganado para perspectivas, digamos, “monárquicas” de la Eternidad, mantenía que ese Reino era más que un mero ideal biempensante de civilización, para transformarse en el único horizonte para la esperanza en una verdadera vida humana 12 . Y no se trata, precisamente, de una exposición de buenos propósitos. ¿Es que los testimonios de los mártires del siglo de los mártires por excelencia, el siglo XX, no han bastado para acreditar la naturaleza incondicional del compromiso cristiano? ¿Nos hemos olvidado ya de los resistentes al fascismo-nazi-stalinismo, todos cristianos, desde Georges Bidault, loshermanosCoste-Floret oGermainePoinso-Chapuis enFrancia 11 BAYROU, F.: La France solidaire. Paris. 2012, pp. 23 y ss. 12 MOUNIER, E.: El miedo del siglo XX. Madrid. 1957, pp. 21 y ss.

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