ACTAS IV CONGRESO INTERNACIONAL DE MÍSTICA La experiencia inefable: desde la época medieval hasta el presente
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE PUERTO RICO 2026 ACTAS IV CONGRESO INTERNACIONAL DE MÍSTICA La experiencia inefable: desde la época medieval hasta el presente
El material publicado en este libro no puede ser reproducido o transmitido bajo ninguna forma, medio o formato, total ni parcialmente, sin la autorización por escrita del editor y autor. Actas del IV Congreso Internacional de Mística. La experiencia inefable: desde la época medieval hasta el presente Primera edicíón 2026 © Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico 2250 Boulevard Luis A. Ferré Aguayo, Suite 557 Ponce, Puerto Rico 00717-9997 Teléfono: 787.841.2000 www.pucpr.edu/publicaciones Edición: Caridad Elena Álvarez Suárez Prensa y Comunicaciones, PUCPR Diagramación: Giadner Gabriel Serrano Castillo Carlos Javier Santos Velázquez Coordinador de Publicaciones Prensa y Comunicaciones, PUCPR Diseño de portada: José González Sotomayor Diseñador Gráfico Institucional, PUCPR Impreso en Puerto Rico / Printed in Puerto Rico ISBN: 978-1-970009-60-6
Tabla de Contenido Mensaje del presidente de la PUCPR Jorge Iván Vélez Arocho ................................................................................9 Mensaje de la directora del Congreso Caridad Elena Álvarez Suárez .....................................................................15 "La inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística y antropología en Edith Stein Francisco Javioer Sancho Fermín ................................................................21 Dios hecho palabra: Entre la mística y lo místico en la España de los siglos XVI-XVII Dale Shuger ................................................................................................37 La actualidad de la vivencia mística (siglos XX y XXI) Luce López-Baralt .......................................................................................49 Moisés Cordovero y Teresa de Jesús: amor y temor en el jardín compartido Fabio Samuel Esquenazi .............................................................................77 Del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imagenes de santa Teresa, con un guiño a Lope de Vega Luis M. Girón Negrón..................................................................................97
8 actas del iv congreso internacional de literatura mística Algunas claves anagógicas para la lectura de La Divina Comedia Ángel García Galiano.................................................................................127 La experiencia mística, experiencia de unidad, según el maestro Eckhard. "Deja a Dios ser Dios en ti" (sermón 5B) Silvia Bara Bancel......................................................................................143 Presentación del libro: Las geofanías teofánicas de Ángel García Galeano Luce López-Baralt......................................................................................165 Mensaje de clausura Caridad Elena Álvarez Suárez...................................................................179 Datos de los ponentes ............................................................................. 183
MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE PUERTO RICO Dr. Jorge Iván Vélez Arocho Recuerdo claramente la visita de la Dra. Caridad Álvarez a mi oficina, hace muchos años, para que iniciáramos este camino. Quisiera agradecer a las tantas personas que están unidas a este Congreso a través de las redes sociales; para mí es fascinante ver todas las posibilidades que nos brinda la tecnología, de que personas de distintas partes del mundo puedan acompañarnos. Bienvenidos a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico que celebra su 75to. aniversario. Comenzó nuestra Universidad como la Universidad Católica Santa María; ese fue su nombre original en el año de su fundación, en 1948. Más tarde, ese nombre cambia a Universidad Católica de Puerto Rico, por el interés que había de poder enfatizar la visión y la misión de la Universidad para toda la Isla; y, ya hace algunos años atrás, la Santa Sede nos otorga el grado de Universidad Pontificia y por eso se conoce como la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. De nuevo, el énfasis en la visión abarcadora para toda la Isla. Nos encontramos en el Teatro Monseñor Vicente Murga, que lleva el nombre de un sacerdote español, quien fue el primer rector de nuestra Universidad; así es que nuestra Universidad tiene mucho en su identidad, en su misión, del pensamiento de Monseñor Vicente Murga. Por otro lado, aquí al costado de este teatro, se encuentra el edificio Monseñor
10 actas del iv congreso internacional de literatura mística James McManus, quien fuese obispo de Ponce cuando la Universidad se estableció en 1948, y donde recibimos a los estudiantes de primer año en aquel entonces. Mi primer proyecto, cuando llegué como Presidente a esta Universidad en el año 2009, fue convertir este lugar, de lo que era hasta ese entonces, un anfiteatro, a lo que es hoy: el Teatro Monseñor Vicente Murga. En aquel entonces, muchas personas me preguntaron el porqué iniciar con un proyecto como un teatro, y recuerdo que contesté que la misión y la identidad de la Universidad es ayudar a formar a los seres humanos, que aquí le enseñaremos Contabilidad y le enseñaremos Ciencias y le enseñaremos Trabajo Social, pero le enseñaremos, sobre todo, lo que significa ser un ser humano: cuál debe ser su identidad y su visión y su misión en la vida y, por lo tanto, deberíamos tener un lugar apropiado donde se les presente a los estudiantes esa formación en las Humanidades. Esa formación de lo que significa “ser humanidad” es fundamental y como es frente a este Teatro, en el Edificio McManus, a donde llegan primero los estudiantes de primer año, nosotros deseamos que lo que primero observen sea un teatro y que aquí vengan a escuchar conferencias, y a escuchar conciertos, y a encontrarse extasiados en las obras de teatro. También, al otro costado del Teatro, se encuentra nuestra Escuela de Derecho, actualmente bajo renovación. Esta Escuela se estableció hace sesenta y dos años, pero algo muy interesante es que fue fundada por un joven sacerdote a quien la Universidad envió a estudiar Derecho a la Universidad de Puerto Rico, la universidad estatal. Más tarde, ese sacerdote se convirtió en el obispo de esta ciudad de Ponce, un obispo muy reconocido, muy querido: Juan Fremiot Torres Oliver. Queridos participantes de este Congreso: la comunidad universitaria les recibe con alegría y con esperanza. De una manera especial, y lo mencionaba Caridad, les damos la más cordial bienvenida a nuestros exponentes, que han viajado desde tantos países hermanos y, otros, desde ciudades más cercanas aquí en Puerto Rico: gracias por su generosidad. Estoy seguro de que tenían otras tantas complicaciones para venir aquí y, sin embargo, hicieron sus arreglos para estar con nosotros, gracias por su generosidad al aceptar nuestra invitación. Han viajado largas distancias unos, y menos distancias otros, para encontrarse con esta porción del pueblo de Dios que peregrina en nuestra patria y en nuestra Universidad. Hoy nos volvemos a encontrar con queridos amigos que nos
11 mensajedelpresidentedelapontificiauniversidadcatolicadepuertorico han acompañado en otros congresos, ¡qué bueno es tenerlos de vuelta en su casa! Anoche, en la apertura de la exposición de arte del Prof. José Sanabria, que nos acompaña aquí en esta mañana, le dije a alguno de ustedes, allí presentes, que han venido de lejanas tierras y cercanas tierras también; como discípulos misioneros han venido aquí a compartir su experiencia. Escucharemos presentaciones extraordinarias sobre mística, estoy seguro que sí, así han sido los otros congresos; pero para mí, lo más importante es que ustedes han venido como discípulos misioneros a compartir su experiencia, su testimonio de vida, su encuentro con la Trinidad, la que, a su vez, ha salido a su encuentro. Escucharemos testimonios de las experiencias de aquellos que han experimentado el Misterio, que han intimado con el Dios fiel que se hace presente en nuestra historia, presente como Padre, presente como hermano Jesucristo y presente como Espíritu Santo, consolador y vivificador. Ustedes, ponentes, que se han encontrado con Él, nos traen durante estos dos días su aliento: muchas gracias por hacerlo. Yo estudié una disciplina académica muy alejada del mundo de la Filosofía y de la Teología: una licenciatura en Matemáticas y Estadísticas y estudios graduados en Métodos Cuantitativos y Análisis Decisional, muy distantes de lo que hoy y mañana escucharemos aquí. Por eso, les digo lo siguiente, al reflexionar sobre lo que viviremos. Recordé la cita de San Pablo en Filipenses 2:12-16 y cito: “por tanto amados míos, como siempre han obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocúpense de su salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en ustedes produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Este Congreso nos hablará sobre cómo es posible, en algunas personas con mayor grado, experimentar el misterio inefable y, ante esa posibilidad, al igual que cuando reflexiono sobre la Salvación, les confieso a ustedes, queridos hermanos, que me acerco con temor y temblor. Nos decía la muy querida Dra. Luce López-Baralt, el sábado pasado, en una entrevista en el programa Reporteros de la Fe, que tuve la oportunidad de compartir con ella, hablando sobre este Congreso, lo siguiente: en los últimos años, decía, el significado del vocablo místico ha sufrido alteraciones a través del tiempo y, como leemos en un diccionario de la mística: “[…] porque si todo es mística, nada es mística”. Como decía la doctora López-Baralt, con entusiasmo, […] “mejor es hablar de sentirse inspirado o invadido por la Divinidad, pero no de mística”. Y aquí me surge la inquietante pregunta: ¿es posible experimentar el Misterio en mensaje del presidente de la pucpr
12 actas del iv congreso internacional de literatura mística la vida ordinaria? Yo recuerdo una de las presentaciones del P. Francisco Javier Sancho Fermín sobre este tema en uno de los congresos anteriores, donde preguntaba: “¿Es posible experimentar el Misterio en la vida ordinaria?; ¿Es posible estar abierto al Espíritu Santo de tal manera que se posibilite de forma inexplicable el hablar con Dios?; ¿Es posible para el ser humano tener una experiencia religiosa de tal manera que reconozca a Dios y que esa experiencia transforme su vida?; ¿Es posible vivir profundamente el misterio cristiano de tal manera que prevalezca Dios sobre la vida ordinaria?”. Estas son las preguntas que yo, como un inexperto de este tema, me hago y me he hecho. En el centenario de la muerte de San Francisco de Sales, el papa Francisco habló sobre la importancia de tener lo que él llamó un estilo de vida lleno de Dios, y yo creo que, al fin y al cabo, los congresos nos hablan de esto, un estilo de vida lleno de Dios. Insistía el papa: “tan pronto como el hombre fija, con alguna atención, su pensamiento en la consideración de la divinidad, siente cierta dulce emoción en su corazón que muestra que Dios es Dios del corazón humano”. Les confieso que me impactó mucho que ello muestra que Dios es Dios del corazón humano. Siguió diciendo el papa lo siguiente: “[…] en el corazón y por medio del corazón es donde se realiza ese sutil e intenso proceso unitario en virtud del cual el hombre reconoce a Dios y al mismo tiempo a sí mismo, su propio origen y profundidad, su propia realización en la llamada al amor”. La experiencia mística de perfección en la vida espiritual nos conduce a contemplar el Misterio que, a la vez, pienso que siempre será pregunta y respuesta. Y, como insiste el papa, a descubrir que la fe no es abandono pasivo y sin afectos en una doctrina sin carne y sin historia: es, sobre todo, una disposición del corazón. En estos dos días, pienso que hablaremos de esto: es una disposición del corazón que nace de la contemplación de la vida de Jesús, pero, también, en otras culturas será la contemplación de otra manera. A este tenor, el papa se refería específicamente a que nace de la contemplación de la vida de Jesús y nos hace habitar la historia con confianza y concreción: en la Encarnación. Henri de Lubac diría: “[…] cierta unión afectiva con la Divinidad para un cristiano no puede tratarse de otra cosa que de la unión con el Dios tripersonal de la revelación cristiana, unión realizada en Jesucristo y por medio de su gracia”.
13 mensajedelpresidentedelapontificiauniversidadcatolicadepuertorico Concluyo con las palabras del papa Francisco en su carta apostólica Todo pertenece al amor donde expresó, siguiendo a San Francisco de Sales, que […] la vida cristiana nunca está exenta de éxtasis y, sin embargo, el éxtasis no es auténtico sin la vida. En efecto, la vida sin éxtasis corre el riesgo de reducirse a una obediencia opaca, a un Evangelio que ha olvidado su alegría. Por otra parte, el éxtasis sin la vida se expone fácilmente a la ilusión y al engaño del Maligno. Las grandes polaridades de la vida cristiana no se pueden resolver la una en la otra. En todo caso, una mantiene a la otra en su autenticidad. De ese modo, la verdad no es tal sin justicia; la satisfacción, sin responsabilidad; la espontaneidad, sin ley; y viceversa. Por otra parte, en cuanto al origen profundo de este éxtasis, él lo vincula sabiamente al amor manifestado por el Hijo encarnado. Si, por un lado, es verdad que “el amor es el primer acto y el principio de nuestra vida devota o espiritual por el cual vivimos, sentimos y nos movemos” y, por otro lado, que “nuestra vida espiritual consiste toda en nuestros movimientos afectivos”, está claro que “un corazón que no tiene afecto, no tiene amor”, como también, que “un corazón que tiene amor, no puede estar sin movimiento afectivo”. Pero el origen de este amor que atrae el corazón es la vida de Jesucristo: “Nada urge y aprieta tanto al corazón del hombre como el amor”, y el culmen de dicha urgencia es que “Jesucristo murió por nosotros, nos ha dado la vida con su muerte. Nosotros solo vivimos porque Él murió; murió por nosotros, para nosotros y en nosotros”. (Francisco, párrs. 60-61 [numeración propia]) Agradezco, finalmente, a la Dra. Caridad Álvarez, alma de estos congresos, y a su excelente grupo de trabajo, por mantener vivo en nuestra Universidad el interés y el compromiso con este encuentro de hermanos y hermanas que se reúnen, nos reunimos aquí, y a distancia, para hablar del Dios cercano, del Dios tierno, del Dios misericordioso que se comunica con sus hijos y con sus hijas. Bendito sea Dios. ¡Muchas gracias! mensaje del presidente de la pucpr
14 actas del iv congreso internacional de literatura mística bibliografía Francisco. Todo pertenece al amor: Carta apostólica en el IV centenario de la muerte de san Francisco de Sales. 28 Dec. 2022, https://www.vatican. va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20221228-totum -amoris-est.html
MENSAJE DE LA DIRECTORA Dra. Caridad Elena Álvarez Suárez En estas páginas se recogen los frutos del IV Congreso Internacional de Mística, que llevó como lema: la experiencia inefable —desde la época medieval hasta el presente. Esta actividad académica, que se centra en recorrer los múltiples caminos de la experiencia mística como vivencia de lo inefable y lo trascendente, es ya indispensable en nuestra Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, y fue celebrada el 15 y 16 de noviembre de 2025 en el Teatro Monseñor Vicente Murga de nuestro recinto de Ponce, Puerto Rico. Es un honor presentar estas actas de un encuentro que marcó un espacio privilegiado de reflexión académica y espiritual, congregando a destacados estudiosos nacionales e internacionales, y favoreciendo el diálogo entre tradición y contemporaneidad, razón y misterio. Durante este congreso, exploramos el fenómeno místico como patrimonio vivo de la experiencia humana, superando barreras disciplinares: desde su raíz medieval hasta su presencia inefable en la poesía, la filosofía, el arte y la vida cotidiana. Al recorrer esta trayectoria histórica, descubrimos que lo místico no es mera abstracción, sino una fuerza que inspira consuelo, sentido y esperanza en tiempos de incertidumbre.
16 actas del iv congreso internacional de literatura mística Las ponencias aquí reunidas —fruto de investigaciones rigurosas y sensibles— no se limitan a disquisiciones de la experiencia mística que contemplan únicamente contextos históricos remotos o contemporáneos; aportan, además, enfoques complementarios que enriquecen la comprensión del fenómeno estudiado. Las exposiciones transitaron múltiples perspectivas: desde análisis de las similitudes entre místicos judíos y cristianos (entre Moisés Cordovero y santa Teresa de Jesús), quienes recurren a la idea del temor de Dios para la expresión de sus experiencias místicas, según el enfoque del Dr. Fabio Esquenazi, hasta observaciones de la Dra. Dale Shuger de dos textos de Ignacio de Loyola en torno a la búsqueda de un lenguaje para representar la unión individual con Dios, que se traduce en nuevas prácticas sociales en la España renacentista. Igualmente, se presentaron visiones contemporáneas sobre la experiencia de lo trascendente. La Dra. Luce López-Baralt dio cuenta de la unión teopática en varias figuras actuales, examinando esta manifestación en la obra literaria de Jorge Luis Borges y de Ernesto Cardenal; asimismo, incorporó testimonios que documentan esta misma vivencia en otras dos figuras de destacada dimensión espiritual: el monje contemplativo Thomas Merton y el diplomático y Premio Nobel de la Paz Dag Hammarskjöld. Igualmente, desde el título mismo de su ponencia, “Del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imágenes de Santa Teresa, con un guiño a Lope de Vega”, el Dr. Luis Girón Negrón propone una mirada audaz y original sobre cómo Teresa de Jesús articula, con notable ingenio, la expresión del don gratuito recibido de su Amado. Girón se centra en dos momentos clave: el relato de la transverberación y la representación de la oración contemplativa como una partida de ajedrez. Profundas reflexiones sobre la obra del dominico alemán de comienzos del siglo XIV, el Maestro Eckhart, fueron ofrecidas por la Dra. Silvia Bara Bancel. Bara Bancel postula, entre otras características de la obra del místico, que la metáfora del nacimiento divino en la mística eckhartiana es la conceptualización de la unión con Dios. Dicha experiencia fructifica en la beatitud eterna, entendida como una felicidad absoluta, cuya irrupción acontece ya en la existencia presente. El Dr. Francisco Javier Sancho Fermín presentó una lección reveladora de cómo la vida de un sujeto puede constituir otra forma de lenguaje muy particular: la transformación de su vida. Utiliza la figura de Edith Stein, cuya vida y obra tiene la capacidad de hacer creíble y palpable la autenticidad de la experiencia. Por último, el Dr. Ángel García Galiano hace una brillante lectura anagógica de la Divina Comedia: el poema es un espejo de la condición humana en su dimensión universal y arquetípica.
17 mensaje de la directora En él se revela la inseparable unidad entre lo humano, lo cósmico y lo divino. Esta trinidad se expresa en la estructura tripartita de la obra: tres cánticas de treinta y tres cantos cada una. También en la elección de sus guías y en la disposición de los reinos, que refuerzan su coherencia simbólica. Cabe recordar que este IV Congreso Internacional de Mística fue dedicado al P. Dr. Francisco Javier Sancho Fermín, por su amistad solidaria con nuestra Universidad desde los albores de la planificación de los congresos de mística en el 2013. Igualmente, durante el Congreso se presentó el poemario, Geofanías, del Dr. Ángel García Galiano. La Dra. Luce López-Baralt envió su ensayo para presentar el poemario, ya que, por causas ajenas a su voluntad, ella no pudo estar presente personalmente. Esta servidora estuvo a cargo, entonces, de una lectura junto al autor, quien sostuvo un diálogo íntimo con el público. Por último, me permito recoger a continuación las palabras de clausura que pronuncié el 16 de noviembre de 2023: La inefabilidad de la experiencia mística, a través de varios siglos, fue el tema que escogimos para el IV Congreso Internacional de Mística a cuya clausura damos paso en esta tarde otoñal de 2023, lo digo para que suene poético porque en Ponce, Puerto Rico, estamos en un verano perenne. El teatro Monseñor Vicente Murga de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico ha sido la sede de eruditas conferencias llevadas a cabo por nuestros ponentes. Deseo hacer referencia a lo que Ernesto Cardenal escribió en sus memorias Las ínsulas extrañas, refiriéndose a Puerto Rico como “Isla Mística”, cuando mencionó expresamente que Luce López-Baralt había contribuido a ello. Hoy me llena de profunda emoción y lo digo con humildad, que mi universidad, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, se haya convertido en interlocutora, caribeña, americana, para dialogar con el mundo sobre la experiencia, en estos foros académicos y muy humanos desde donde se irradian saberes al respecto de un tema tan hermoso, tan profundo, tan consustancial a nuestra esencia de trascendencia.
18 actas del iv congreso internacional de literatura mística No podría yo recapitular en este pequeño espacio temporal lo que ha acontecido, sobre todo porque no podría resumirse ni agotarse, por la amplitud y la profundidad del tema, los ecos que seguirán produciéndose en nuestro pensamiento, en nuestra conciencia, al seguir, por mucho tiempo, meditando y reflexionando al respecto. Creo, sin embargo, que podemos llegar a un consenso. No hay porqué decretar si la experiencia mística es o no es inefable. Prima facie, los místicos insisten en la dificultad comunicativa. Después de todo, cómo articular con signos lingüísticos, por definición arbitrarios, una experiencia fruitiva de Dios. Pero es un guiño irónico y amoroso pensar que, si la experiencia fuese inefable, no hubiésemos podido tener tema para conversar largo y tendido durante la celebración de cuatro congresos y un simposio, ni hubiesen podido los místicos de las diversas tradiciones y a través de los siglos, hecho correr tanta tinta en la caudalosa literatura mística. Porque aún con sus signos desvalidos, nos han acercado, deslumbrado y convencido de aquello que creían solamente balbucear. Solo una muestra: ¡Oh, noche que guiaste! ¡Oh, noche amable más que la alborada! ¡Oh, noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada! Es gracias a esta inefabilidad, certera o cuestionada, nuestro asedio constante a una renovada comprensión, esta búsqueda al acecho del sentido pleno de la existencia, apostando a comprender, cada vez mejor, con la celebración de estos congresos, a un saber que supone una verdad divina, revelada en y al interior del alma humana, mediante un proceso de unión porque Dios así lo quiso. Sólo me resta compartir que la preparación de un evento como este no se hace en solitario. Sería humanamente imposible. Mis colegas y compañeros del comité preparatorio del Congresos son el impulso detrás y frente a este congreso. Gracias a la alta administración de la universidad, especialmente
19 mensaje de la directora en la persona del Dr. Vélez Arocho, presidente, por su compañía solidaria, su entusiasmo, y por la confianza puesta en nosotros. Les pido amablemente a nuestros ponentes acompañarnos en el escenario, para su reconocimiento ulterior. Estos académicos han brindado indicios y certezas importantes para nuestra comprensión de un tema que, a través del tiempo, he podido constatar lleva a la clave inequívoca de saber que Dios está con nosotros. Deseo que todos ustedes, amable audiencia, vean reflejados en sus rostros el convencimiento de que el Amor de Dios es inagotable. Algunos de ustedes, queridos ponentes, se unen a otros académicos que, desde diversos puntos de la Tierra, hoy podemos llamar amigos. Gracias por un congreso dinámico, y por sus ponencias críticas y creativas. Vivimos tiempos aciagos, no lo voy a recordar. Pero la celebración y el ahondar en esta experiencia es un signo de esperanza, que pretendemos sea revelación de que Dios se nos ha manifestado en Amor a través de los siglos y en todas las confesiones que se le concibe como amoroso Creador y Cuidador del mundo. Para traer algún eco de la Tierra Santa sufrida actualmente, les digo: “Shalom Salam”, que la paz de Dios esté con nosotros. Feliz viaje de regreso a todos ustedes a casa. Las clausuras tienen sabor a despedida, pero cuando las despedidas tienen sabor a promesa, se hacen menos duras. Entonces... Hasta muy pronto, cuando nos volvamos a encontrar en el V Congreso Internacional de Mística. Muchas gracias y buenas tardes. Con esta publicación, deseamos que estas actas funcionen como puente: entre generaciones, entre disciplinas, entre espíritu y razón, y entre la universidad y la sociedad. Que su lectura continúe alimentando caminos de reconciliación interior y colectiva, y que el eco de sus hallazgos nos acompañe más allá de estas páginas. Agradezco profundamente a los organizadores, ponentes, colaboradores y comunidad universitaria por hacer posible este Congreso. Confío en que estas actas inspiren nuevas preguntas, nuevas búsquedas, y nuevas respuestas.
“LA INEFABILIDAD QUE SE HACE CARNE” LENGUAJE, MÍSTICA Y ANTROPOLOGÍA EN EDITH STEIN Francisco Javier Sancho Fermín Facultad de Teología del Norte de España (Burgos) Universidad de la Mística de Ávila resumen La inefabilidad es una de las características asociadas a la experiencia mística. Sin embargo, esta propiedad se refiere principalmente a la dificultad comunicativa cuando se pretende hacer inteligible la experiencia a través del lenguaje. En este artículo se pretende presentar la vida del sujeto como otra forma de lenguaje que tiene la capacidad de hacer creíble y palpable la autenticidad de la experiencia, capaz de transformar y formar la vida del sujeto. Y se hace este recorrido desde la perspectiva de la vida y la obra de Edith Stein. palabras clave Antropología, inefabilidad, lenguaje, mística, Edith Stein
22 actas del iv congreso internacional de literatura mística introducción: inefabilidad como experiencia Hablar de mística sigue siendo una tarea no demasiado fácil, al menos aparentemente. Sigue siendo un término confuso para muchos; para otros, algo que remite sin más a una realidad trascendente o paranormal, o identificada con una especie de experiencias o fenómenos esotéricos. La sola palabra, para algunos, ya suscita una especie de reacción de admiración. Para otros muchos, incluidos muchos cristianos y presbíteros, la mística produce una cierta alergia y un manifiesto rechazo. No es nada nuevo lo que estoy diciendo, pero simplemente lo presento como preámbulo para contextualizar el tema general de la “la experiencia inefable”. Un calificativo que, según todos los estudiosos de la mística, se convierte en una nota característica y propia de la veracidad y autenticidad de la propia experiencia. Una experiencia que, por razón de su origen y contenido (un toque de Dios, de la divinidad, del Misterio, de la Energía, y una conciencia despierta de su presencia o acción), ya supera toda tentación de conceptualización o reduccionismo lingüístico. También por razón del espacio donde acontece esa experiencia: el espacio limitado pero infinito de la interioridad humana; un espacio que frecuentemente es el gran desconocido, y donde acontece, seguramente, lo más grande de la vida, más allá del sentido, más allá de las emociones, más allá de la propia piscología y sensibilidad. Pero, aunque todo acontece siempre más allá, más en lo profundo, el recipiente, el sujeto que lo acoge y experimenta pasivamente, es un ser que se vive a sí mismo en su limitación, en sus condicionantes y características propias, en su historicidad concreta: su peculiar psicología, su afectividad y sensibilidad, su intelecto, sus emociones, sus sentidos corporales. En una palabra, queda implicado todo el ser en su compleja unidad. Un ejemplo sencillo y experiencia común de todos: ¡qué difícil resulta hablar de experiencias transformadoras y transcendentes en la vida!; ¡qué difícil o abstracto se vuelve hablar del amor cuando no se conoce o simplemente se anhela!; o ¡cuando aún no se tiene una experiencia radical de felicidad, de amor! Y, aun así, cuando se experimenta en lo profundo (más allá de la esfera sensual o sentimental) cualquiera de esos alimentos vitales del ser humano
23 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein (amor, felicidad, paz, sintonía, bondad, etc…), qué difícil resulta formularlo o expresarlo con el lenguaje de la palabra, y qué pobres nos parecen las palabras para expresar la grandeza y profundidad de esas experiencias. Y, de hecho, como acontece también en la experiencia mística, solo una minoría ha asumido la aventura de expresar simbólica y semánticamente algo de lo vivido. Y siempre tras un proceso de autocomprensión o identificación, generalmente iluminado por otra palabra, por otra experiencia que viene al encuentro, y en la que emergen sinónimos paralingüísticos, que remiten a algo de esa experiencia que se hace lenguaje comprensible, cuando también es capaz de iluminar experiencias. Pero que también permanece cerrado e incomprensible para quien se acerca al lenguaje sólo desde la frialdad conceptual que parafrasea. Es la realidad del vivenciar humano, que ya Teresa de Jesús percibía en su proceso espiritual cuando, después de sufrir la experiencia del Misterio que la inunda y abrasa, intenta entenderse y autocomprenderse, para después poder darse a entender, y transmitir o comunicar a otros, de manera “inteligible”, lo que le está aconteciendo1. Sí, el lenguaje de la mística es un modo de expresar lo inefable: pero nunca para reducirlo, sino para autocomprenderse, para iluminar, para testimoniar, para suscitar y despertar. Un lenguaje que no esconde el misterio, sino que desborda de misterio, haciendo creíble lo increíble, porque es experiencia, es vida, es transformación. Y así, el lenguaje surge como necesidad vital de comprenderse, de relatarse a sí mismo lo vivido, de interconexionar la mente con el corazón y el espíritu. Un lenguaje cargado de todo aquello que forja la realidad experiencial de la persona, un lenguaje coloreado de su propia subjetividad ensanchada, que ha descubierto su verdadero yo muriendo al yo y que se percibe navegando en el infinito. El concepto para el místico es solo un vehículo limitado con el cual pretende compartir lo 1 Así lo expresa Teresa en el Libro de la Vida, cap. 17 nº 5: “Porque una merced es dar el Señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es. Y aunque no parece es menester más de la primera, para no andar el alma confusa y medrosa e ir con más ánimo por el camino del Señor llevando debajo de los pies todas las cosas del mundo, es gran provecho entenderlo y merced; que por cada una es razón alabe mucho al Señor quien la tiene, y quien no, porque la dio Su Majestad a alguno de los que viven, para que nos aprovechase a nosotros.” "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
24 actas del iv congreso internacional de literatura mística “más grande y más bello”. Nunca es palabra cerrada o dogma ideológico: es un matiz, un color, un suspiro de la inmensidad inenarrable de la Plenitud. Pero el lenguaje necesita ser oído, escuchado, acogido, como la luz que ilumina nuestros senderos en la oscuridad de la noche. Pero si uno se empeña en no ver, en cerrar los ojos, en refugiarse en su ceguera, esa luz no podrá cumplir su misión para con él. No se trata simplemente de entender el universo subjetivo del otro, sino de dejarse contagiar, dejarse ensanchar en la propia receptividad subjetiva, que necesariamente es, también, diferente de la subjetividad del creador del lenguaje. De ahí que sabiamente Juan de la Cruz nos invite, no a leer, sino a hacer nuestra la realidad misteriosa que trasciende a la palabra y al lenguaje2. La etimología de la palabra “inefable” nos recuerda que estamos frente a una realidad de la que no se puede hablar o decir… Pero, de hecho, se ha dicho y se dice tanto. Cierto, la experiencia supera la palabra. Pero la dimensión configurativa del ser humano, en cuanto ser en relación, ser que se comunica y necesita comunicarse, la inefabilidad en él no es absoluta. Al fin y al cabo, es una experiencia que nace de la relación, de la comunicación con Dios, y eso afecta y transforma al individuo, haciéndolo capaz de asumir ese lenguaje: un lenguaje que no sólo se comunica en palabras, sino principalmente a través de la vida. Por eso, tantas veces, la teología negativa o apofática ha sido tan bien integrada en tantas escuelas y personajes místicos, si bien nunca llega al extremo absoluto del silencio incomunicable. Si la experiencia es auténtica, de una u otra manera se plasma en un lenguaje comunicativo. Un lenguaje que va más allá de la palabra, porque se hace palabra encarnada en quien lo vive. Y la vida se convierte así en el lenguaje comunicativo por excelencia. La vida misma es revelación del Misterio. 2 Un ejemplo de la inmensidad de lecturas que nos ofrece la experiencia del místico la transcribe el Santo en el prólogo al Cántico Espiritual: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz general, pues Vuestra Reverencia así lo ha querido; y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística (la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan) no ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afición en el alma, porque es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle.”
25 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein 1. todo arte auténtico es revelación Esta afirmación de Edith Stein3, que tomo de su obra la Ciencia de la Cruz, me parece muy sugerente a la hora de hablar de la inefabilidad de la experiencia y su relación con el lenguaje. Y tomo aquí la palabra lenguaje en un sentido amplio, como medio de comunicación, de expresión, de plasmación de acogida de una palabra sufrida en el silencio, y que se plasma como transferencia comunicativa de la propia experiencia. Leamos, en primer lugar, el texto donde nos ofrece Edith esta afirmación: Es propio del artista, que aquello que interiormente le conmociona, exige ser formado en él en “imagen” y, también, ser formado hacia afuera. Por “imagen” no entendemos solamente algo reducido al campo de lo representativo y de las “artes plásticas”; se incluye, también, cualquier tipo de “creación” artística, también la poética y musical. Al mismo tiempo, “imagen” es aquello en lo que se representa algo, y “creación” es algo formado, como un conjunto que viene a ser su pequeño mundo. Toda auténtica obra de arte es, además, “símbolo”, igual da que sea o no la intención del artista, o que éste sea “naturalista” o “simbolista”. “Símbolo”: es decir, de la plenitud infinita del sentido hacia la que avanza todo conocimiento humano, capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa; y, ciertamente, de tal manera que hace resonar misteriosamente la totalidad de la plenitud de sentido, inagotable para todo conocimiento humano. Así entendido, todo arte auténtico es “revelación” y toda creación artística un servicio santo.4 El lenguaje, específicamente cuando se propone narrar o expresar algún tipo de experiencia es, sin duda, una verdadera creación artística: así la poesía, la narrativa, los símbolos, las imágenes y metáforas, al igual que tantas otras expresiones del espíritu humano, como lenguajes 3 Citaremos las obras de Edith Stein siguiendo la edición de las “Obras Completas” en español, editadas conjuntamente por Monte Carmelo (Burgos), EDE (Madrid), y El Carmen (Vitoria) en 5 volúmenes. Usaremos la abreviatura OC seguidas de un número romano (número de volumen) y del número de las páginas. E. STEIN, Obras completas. Dirigidas por F. Javier Sancho y Julián Urquiza: vol. I: Escritos autobiográficos y Cartas, 2002; vol. II: Escritos filosóficos, etapa fenomenológica, 2006; vol. III: Escritos filosóficos, etapa de pensamiento cristiano, 2008; vol. IV: Escritos pedagógicos y antropológicos, 2003; vol. V.: Escritos de espiritualidad y mística, 2004. 4 Ciencia de la Cruz, en OC V, 207-208. "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
26 actas del iv congreso internacional de literatura mística comunicativos: pintura, escultura, arquitectura, etc… Y también la fantasía y el cine: pensemos en las crónicas de Narnia de C. S. Lewis y el mensaje transversal que encierra. Nos habla Edith de “símbolo”, palabra que ha venido trabajando en Juan de la Cruz, a la vez que se sumergía en la traducción y comprensión de la obra de Dionisio el Areopagita. De este último estudio surgirá un artículo, que inicialmente se iba a publicar en EEUU, y que lleva por título: Los caminos del conocimiento de Dios. La teología simbólica del Areopagita y sus presupuestos objetivos5. Este escrito, sumamente interesante en el tema que nos ocupa, nos clarifica mejor el concepto de símbolo, o mejor aún, la “teología simbólica” y su importancia en el ámbito de la inefabilidad mística, cuyo objetivo o pretensión sería, tal como afirma Edith: «acercar a lo invisible mediante lo visible»6. La palabra, pues, como mediación de lo invisible, del misterio, de lo inefable. Desde las primeras páginas de este artículo dedicado al Areopagita se plantea Edith cuál es el lugar que ocupa la “teología mística” en el ámbito del saber teológico: Las diversas “teologías” que cabe diferenciar en su escrito de “Teología mística”, no son, según esto, “disciplinas” o asignaturas, sino modos diversos de hablar de Dios y caminos y formas diferentes del conocimiento de Dios (o del no-conocimiento). La misma teología mística ocupa el grado superior. Quizás fuese mejor sustituir el calificativo “teología mística” por “revelación secreta”. Dios solamente es reconocido en lo que se revela, y los espíritus, a los que se revela, transmiten la revelación. Conocimiento y anuncio van juntos.”7 5 En la segunda parte de este escrito se centra en el tema de la “teología simbólica”, que analiza en seis capítulos: Explicaciones de la “teología simbólica desde la obra del Areopagita; el significado inmediato y mediato de los nombres simbólicos; el símbolo como imagen; la relación de imagen y sus presupuestos en quien habla y en quien escucha; los dos últimos apartados se centran en la teología simbólica como velo de misterio, y en los grados de encubrimiento y de descubrimiento. Concluye con una anotación final sobre la teología simbólica y las otras teologías. 6 Caminos del conocimiento de Dios, OC V, 137. 7 Ib., p. 131.
27 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein Si la teología mística se constituye en el grado superior del saber teológico8, ello implica que la experiencia de Dios es determinante en el conocimiento de Dios. Es el núcleo de toda vivencia mística: el encuentro con Dios de persona a persona.9 Pero la vía del conocer no se encierra en uno mismo, sino que generalmente viene dada en virtud de los demás. Aquí el que experimenta a Dios tiene la tarea de transmitir, de dar nombre y conceptualizar su experiencia para poder manifestarla y que sea para los otros una fuente de conocimiento de Dios. Pero no sólo en conocimiento, sino en transformación de vida, en amor, que afecta a toda la persona: «Cada grado hacia arriba es una más rica y profunda autorevelación y autoentrega de Dios al alma; para el alma esto significa un adentrarse más profundo e intenso en el conocimiento de Dios, lo cual exige por parte de aquella una entrega total.»10 Pero no toda obra de arte o “símbolo” es una expresión extraordinaria, o necesariamente ha de plasmarse en algo conceptual. La revelación más grande, el acontecer de lo trascendente, el milagro más auténtico acontece en lo cotidiano, en la vida. Y una obra de arte es tal, no solo por la pericia y talento del artista, sino cuando emerge como expresión de un modo de ser o de vivir, o de un anhelo aún no alcanzado, pero sí admirado e intuido. Para la gran mayoría de los místicos cristianos y para Edith Stein, la obra de arte más bella, más valiosa y perfecta es el ser humano11, quien con su vida y testimonio existencial se convierte en comunicación visible del invisible12. Y en esa misma línea comprenden los místicos 8 “Y así, la teología afirmativa y la negativa, una vez cumplido el ascenso, ceden el puesto a la teología mística, la cual alcanza la unión con el Inefable en silencio total.” Ib., p. 133. 9 Ib., p. 148. 10 Ib., p. 150. 11 Así lo expresan, por ejemplo, Teresa de Jesús al inicio del libro de las Moradas (1M 1, 1), y Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual (CB 1, 7-8). Y en esa misma línea, pero con un desarrollo en clave antropológica lo lleva a cabo Edith Stein en muchos de sus escritos. 12 Es algo que, por ejemplo, la misma Edith experimentó en un gesto muy significativo en el proceso de su conversión. Visitando la catedral de Frankfurt en 1916 por motivos artísticos, lo que a ella verdaderamente le impactó fue el gesto orante de una mujer que entró en la catedral con su cesto de la compra para hacer un momento de oración. Algo semejante acontecerá después con Edith en relación con su madre. Aunque esta no comprende ni acepta la conversión de su hija, sin embargo, no puede no reconocer que “No había visto nunca a nadie orar como a su hija” cuando la acompañaba a la sinagoga. "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
28 actas del iv congreso internacional de literatura mística cristianos el misterio de la “encarnación del Hijo de Dios” como la obra más grande de todas, donde acontece el verdadero milagro de la revelación: “y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14), como afirma el Evangelista Místico. O como afirma Juan de la Cruz al presentar a Jesucristo como la palabra última y definitiva de Dios, donde nos lo ha dicho ya todo13. Un hombre, un ser humano, una carne son el lenguaje privilegiado de la inefabilidad del Misterio de Dios. Y por analogía, la vida del ser humano termina siendo el lenguaje comunicativo, la expresión verdadera del acontecer del Misterio en el sujeto individual. Un sujeto que nunca ha dejado de ser “imagen y semejanza” de su Creador. (Se podrá poner en duda la experiencia, el relato de lo extraordinario. Pero el lenguaje comunicativo de la vida tiene una evidente expresión empírica, real y constatable). 2. el ser humano, como lenguaje de la inefabilidad En Edith Stein este enunciado puede ser desarrollado o entendido desde una doble perspectiva: una de carácter antropológico, en cuanto el conocimiento más auténtico y profundo del ser humano en la complejidad de su ser y de su interioridad, es capaz de acercarnos a ese Misterio inefable de la autocomprensión, abriendo la mirada hacia lo trascendente14. Y la segunda perspectiva sería el de la vida concreta del sujeto humano, su existencia vital, que se convierte en lenguaje comunicativo del acontecer del Misterio de Dios en su vida15. Sabemos bien que el lenguaje es susceptible de lecturas e interpretaciones, porque de una u otra manera está siempre ligado a la subjetividad personal y ambiental, tanto del emisor como del receptor. Y en el ámbito de la mística, ya que hablamos de una experiencia que acontece en un sujeto, aunque esta recepción esté cualificada por la pasividad, el recipiente que la recibe, lo hace en su ser característico y concreto. Lo que, en cierto sentido, le da a la experiencia mística un carácter siempre único y personal. 13 Véase el capítulo 22 del Segundo libro de la Subida al Monte Carmelo. 14 Y así escribe Edith en Ser finito y ser eterno: «Mi ser, tal como yo lo encuentro y tal como yo me encuentro en él, es un ser nulo; yo no existo por mí mismo y por mí mismo nada soy, me encuentro a cada instante ante la nada y tengo que recibir el don del ser momento tras momento. Y, sin embargo, este ser vano o nulo es ser y por eso toco a cada instante la plenitud del ser. Hemos dicho antes que el devenir y el pasar, tal como lo encontramos en nosotros, nos revelan la idea del ser verdadero, del ser eterno e inmutable.»: OC III, 664-665. 15 Imposible en el tiempo de que disponemos hablar ambos aspectos en la amplitud que desarrolla Edith Stein a lo largo de toda su obra. Daremos solamente algunas pinceladas.
29 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein Pero estamos ante una experiencia fruitiva, es decir, incidente en el ser mismo del sujeto que, a partir de esa experiencia —cuando va unida al sello de autenticidad—, el sujeto que la sufre ya no es el mismo. Y esa transformación profunda que experimenta, si sigue siendo alimentada y favorecida, va configurando el modo de ser y de vivir del individuo. Lo expresaba claramente el evangelista san Juan en su primera carta: «El que ama conoce a Dios» (1Jn 4, 7). Un conocimiento que no es teórico, sino existencial, como la sabiduría de la cruz de San Pablo. Teresa de Jesús, por ejemplo, en el discernimiento que nos ofrece sobre la autenticidad de las experiencias místicas, siempre remite a los frutos existenciales: humildad, amor al prójimo, actitud de servicio, etc. Algo semejante encontramos en la obra sanjuanista, quien está convencido de que la experiencia mística tiene un efecto objetivamente transformador en la vida de las personas. Para Edith Stein la experiencia de los místicos abre un panorama mucho más amplio o más profundo también en relación con el conocimiento del ser del hombre, especialmente a la hora de entender la dimensión espiritual y anímica de su ser. Los místicos, para ella, son expertos en desvelar los entresijos más profundos del alma, a los que la simple reflexión racional es incapaz de llegar, porque se topan con el misterio. Por eso, conocer la vida íntima del alma (de donde brota la vida y el ser), sin la revelación y la “experiencia de los místicos”, nos resultaría un universo desconocido. Aún en el mismo conocimiento de sí, la persona que quiera llegar al más profundo centro de su ser y de su libertad, necesariamente ha de abrirse a la experiencia de Dios. A este respecto la reflexión que lleva a término Edith en muchos de sus trabajos antropológicos, lo confirman. Es tan rico el panorama que ella nos ofrece que desborda ahora los límites de nuestro objetivo, por eso baste este texto de Edith para constatar dicha afirmación: Pero no es posible ofrecer un cuadro preciso del alma —ni tan siquiera de forma somera y deficiente— sin llegar a hablar de lo que compone su vida íntima. Para ello, las experiencias fundamentales sobre las que hemos de basarnos son los testimonios de los grandes místicos de la vida de oración. Y en tal calidad, el “Castillo interior” es insuperable: ya sea por la riqueza de la experiencia interior de la Autora, que cuando "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
30 actas del iv congreso internacional de literatura mística escribe ha llegado al más alto grado de vida mística; ya sea por su extraordinaria capacidad de expresar en términos inteligibles sus vivencias interiores, hasta hacer claro y evidente lo inefable, y dejarlo marcado con el sello de la más alta veracidad; ya sea por la fuerza que hace comprender su conexión interior y presenta el conjunto en una acabada obra de arte.16 Para Edith Stein esto es así. Lo ha aprendido de sus maestros, pero también de su propia experiencia, desde el primer momento en que toma conciencia experiencial del acontecer del Misterio en su propia vida. Ella confiesa que su primera experiencia mística de Dios, la determinante en su proceso de conversión no fue sólo toparse con la Divinidad, sino que principalmente lo observa en su modo de seguir viviendo. Una experiencia que la saca de las angustias de la vida, de la guerra, de la desesperanza; una energía que impulsa y fortalece a la voluntad; y un modo nuevo de confrontarse con el presente y de proyectarse hacia el futuro. Es la quietud en Dios. No como pasividad receptiva, sino como transformación extática, es decir, que no la cierra en sí, sino que la saca de sí, hacia fuera17. Desde ese momento, una confrontación positiva con la realidad la lleva a superar el pesimismo existencial ligado a los fracasos personales, a la realidad social de la guerra y de la discriminación por su condición de mujer. 16 El castillo interior, OC III, 1112-1113. 17 En cierto sentido, lo que fue la gran experiencia mística de Edith lo dejó plasmado ella misma en este texto escrito en 1918: “Existe un estado de reposo en Dios, de completa relajación de toda actividad espiritual, en el que no se hace ninguna clase de planes, no se adoptan resoluciones, y menos aún se actúa, sino que todo lo futuro se deposita en manos de la voluntad divina, uno “se abandona” por completo “al destino”. Este estado se me concede, por ejemplo, cuando una vivencia que sobrepasaba mis energías, ha consumido por completo mi energía vital espiritual y me ha arrebatado toda actividad. El descansar en Dios, frente al fracaso de la actividad por carencia de energía vital, es algo completamente nuevo y singularísimo. Aquel era silencio propio de muertos. En lugar de él aparece ahora el sentimiento de hallarse acogido, de estar liberado de toda preocupación y responsabilidad y obligación de actuar. Y cuando yo me entrego a este sentimiento, comienza a llenarme poco a poco nueva vida y vuelve a impulsarme –sin tensión alguna de la voluntad– a nueva actividad. Esta vivificadora afluencia aparece como un efluvio de una actividad y de una energía que no son mías, y que actúan en mí sin imponer exigencias a las mías. El único presupuesto para semejante renacimiento espiritual parece ser cierta capacidad receptiva, como la que se fundamenta en la estructura de la persona que se ha sustraído a la acción del mecanismo psíquico.” (Causalidad Psíquica, OC II, 298).
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