Actas del IV Congreso Internacional de Mística

98 actas del iv congreso internacional de literatura mística Libro de la Vida 29:13.2 Esta evocación verbal de la herida de amor, inscrita también en la sexta morada del castillo interior como objeto de reflexión teológica (Moradas 6.2) y estilizada incluso en esos versos acuciantes con que glosa el Cantar de los Cantares 2:16 (“Cuando el dulce Cazador / me tiró y dejó rendida...”),3 inspira a su vez representaciones fecundas de la espiritualidad teresiana en la literatura y en las artes plásticas, con joyas tempranas en la Weltliteratur como los poemas A Hymn to Sainte Teresa y The Flaming Heart del poeta metafísico inglés Richard Crashaw (ca. 1613 - 1649) en el siglo XVII4 y con la célebre escultura de Gian Lorenzo Bernini (1598 – 1680), tallada entre 1645 y 1652 para la capilla Cornaro de 2 “Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. Aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. Esta visión quiso el Señor le viese ansí: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan (deven ser los que llaman cherubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros, y de otros a otros, que no lo sabría decir). Víale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego; éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegava a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevava consigo, y me dejava toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé gustar a quien pensare que miento” (Madre de Dios y Steggink 1986: 157-158). El padre Domingo Báñez nota al margen del manuscrito, donde Teresa identifica al ángel como uno de los que llaman cherubines, que “más parece de los que llaman Serafínes”—corrección que sigue Fray Luis de León en su edición de las obras teresianas (Salamanca 1588) y que se refleja también en los recuentos y perífrasis subsecuentes de esta visión, entre ellos el soneto de Lope que veremos más abajo. 3 Para un análisis de este poema en el marco de la lírica teresiana, véase Girón Negrón (2020: 420-424)—versión temprana de este artículo en las Actas del II Congreso Internacional de Mística. En los 500 años de santa Teresa de Jesús, ed. Caridad Álvarez Suárez (Ponce: Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, 2017), 59-108; versión ampliada y revisada en Girón Negrón (2025: 99-148). Véase también la no. 17 de sus Exclamaciones (Madre de Dios y Steggink 1986: 646-647). 4 Estos dos son los más célebres de los cuatro poemas que Crashaw le dedicó a Santa Teresa (junto a An Apologie for the fore-going Hymne y A Song). Hymne and Apologie aparecieron en la primera edición de Steps to the Temple y Delight of the Muses (Londres, 1646) y fueron reimpresos en la 2da edición de 1648, que incluye por primera vez Flaming Heart; los tres poemas se vuelven a reimprimir en Carmen Deo Nostro (París, 1652) con la adición de veinte versos al final de Flaming Heart. Las ediciones de 1648 y 1652 también incluyen como complemento a esta serie el poema corto A Song. Pueden consultarse en la edición de las obras completas de Crashaw de George Walton Williams (1972: 52-65, poemas nos. 61, 62, 63 y 64). Véase también el estudio comparativo de Petersson (1970) sobre el éxtasis teresiano como tema artístico en el Hymne de Crashaw y en Bernini.

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