99 Deléxtasisalajedrezenlamísticaespañola:dosimágenesdeSantaTeresa,conunguiñoaLopedeVega Santa Maria della Vittoria, a la cabecera.5 No es que la transfixio cordis careciera de precursores sugerentes en la historia literaria de la mística amatoria cristiana. Así lo evidencian el comentario de Orígenes sobre el vulnus amoris de la Amada en su Comentario al Cantar de los Cantares (3.8.13);6 también la experiencia afín que evoca la cisterciense 5 Como punto de partida, puede consultarse Diego Sánchez (2008: 1079-1148, entradas 1177712647) para un elenco bibliográfico sobre Teresa de Ávila en la pintura, la literatura y las artes plásticas. Visión selectiva de Santa Teresa como tema literario en Sebastián Mediavilla (2015); visión de conjunto de las obras de Lope dedicadas a Santa Teresa —tanto poesía como drama— en Entrambasaguas (1963); panorama general de Teresa como tema literario en la poesía del Siglo de Oro en Elizalde Armendáriz (1984), centrado sobre todo en la abundante cosecha de poemas que se le dedican en el siglo XVII a raíz de las justas poéticas convocadas por toda la Península durante los festejos solemnes de su beatificación (1614) y canonización (1622) —desafortunadamente, el apartado sustancial que Elizalde le dedica a Lope (1984: 426433) es un plagio textual casi verbatim de las páginas correspondientes en el estudio magistral de Entrambasaguas (compárense Elizalde [1984: 426-431] con Entrambasaguas [1963: 385395])— lo único de cosecha propia es su breve recorrido de los otros sonetos teresianos en los Triunfos divinos (pp. 432-433). Perspectiva histórica sobre la iconografía teresiana y sus reelaboraciones en las artes figurativas de la temprana modernidad en Berbara (2009), con calas perceptivas sobre las representaciones artísticas de la transverberación (2009: 275-281). Otra visión de conjunto de santa Teresa y las artes en el magnífico estudio de Eire sobre el Libro de la vida (2019, pp. 132-163, especialmente el apartado que le consagra a las representaciones visuales de la transverberación). Sobre la plasmación de esta visión extática en la escultura de Bernini —tema de una nutrida bibliografía en la historia del arte— puede verse el estudio fundamental de Lavin (1980: 1:77-165) que analiza sus rasgos formales y temáticos con lujo de detalle; también la interpretación contextual de Bolland desde la perspectiva del espectador ante la escultura como pieza de altar (2014-2015), la reflexión de Warma (1984) desde la perspectiva de la distinción entre éxtasis y visión en el texto teresiano, y el estudio de Moretti (2017) sobre las interpretaciones psicoanalíticas de Bernini como avatar de la féminine jouissance a partir de Lacan. Le agradecemos a nuestro admirado colega Felipe Pereda su orientación bibliografía desde la historia del arte. 6 “Si quis usquam est qui fideli hoc amore verbi Dei arsit aliquando, si quis est, ut propheta dicit, qui electi jaculi ejus dulce vulnus plagamque accepit, si quis est qui scientiae ejus amabili confixus est telo, ita ut diurnis eum desideriis nocturnisque suspiret, aliud qui loqui non possit, audire aliud nolit, cogitare aliud nesciat, desiderare praeter ipsum, aut cupere aliud vel sperare non libeat: ista anima merito dicit: Vulneratae charitatis ego sum; et ab illo vulnus accepit, de quo dixit Isaias: Et posuit me sicut jaculum electum, et in pharetra sua abscondit me. Tali vulnere decet Deum percutere animas, talibus jaculis telisque configere, ac salutaribus eas vulneribus sauciare: ut quia Deus charitas est, dicat et ipse: Quia vulneratae charitatis ego sum” (Patrologia Graeca 13, col. 162) / “Si hay alguien que alguna vez se abrasó en este fiel amor del Verbo de Dios; si hay alguien que, como dice el profeta, ha recibido la dulce herida de su saeta escogida (Is 49:2); si hay alguien que ha sido traspasado por el dardo amoroso de su ciencia, hasta el punto de suspirar día y noche por Él, de no poder pronunciar ni querer oír otra cosa, de no saber ni gustar, pensar, desear o esperar más que a Él: esta alma con toda razón dice: Estoy herida de amor (Ct. 2:5 Vetus Latina), y la herida la recibí de aquel de quien dice Isaías: Y me puso como saeta escogida, y me guardó en su aljaba. Es conveniente que Dios golpee a las almas con tales heridas, que las traspase con tales saetas y dardos, y que las llague con tales heridas salutíferas, para que también ellas, puesto que Dios es amor (1 Jn 4:8), puedan decir: Porque estoy herida de amor” (Orígenes 1994: 237). del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imágenes...
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