Actas del IV Congreso Internacional de Mística

103 Deléxtasisalajedrezenlamísticaespañola:dosimágenesdeSantaTeresa,conunguiñoaLopedeVega ¿Cómo subís por la montaña espesa del rígido Carmelo tan gallarda, que con descalzos pies no os acobarda del alto fin la inaccesible empresa? Serafín cazador el dardo os tira, para que os deje estática la punta, y las plumas se os queden en la palma. Con razón vuestra ciencia el mundo admira, si el seráfico fuego a Dios os junta y cuanto veis en él, traslada el alma. Son muchos los aciertos poéticos que pudiéramos destacar en una apreciación literaria de este soneto.16 Pero un detalle extraordinario sobresale en su segunda mitad como clave aglutinante de lectura —el detalle que nos interesa. Partiendo de lo que Lope afirma sobre el origen inmediato de estos versos —que se inspiran directamente en la imagen de Santa Teresa, cálamo en mano, descrita en la Relación— ¿qué intuición poética lo lleva a evocarla con un soneto a la transverberación específicamente? No hay indicio alguno en dicha descripción de que se le representase allí extasiada. Pero una respuesta sugerente se ofrece en la razó circunstancial del poema (como se le llamaría en las poéticas de la lírica provenzal), las líneas finales que rematan la descripción lopesca de esa estructura: “...y a este propósito, y tener la Santa en la mano aquella mysteriosa pluma, pincel divino de tan soberanas ideas, y conceptos, y estar en lo alto de la fuente, escribí este Epigrama.” Con un destello 16 Ya en el primer cuarteto, por ejemplo, el apóstrofe a Teresa herida de amor en manos del Serafín se conjuga la imagen plurivalente del ciervo herido por el Cazador con el del ciervo que abreva en las aguas frías —símiles de gran fortuna en la literatura mística cristiana (e.g. el Cántico espiritual sanjuanista) en los cuales se entrelazan fuentes bíblicas (e.g. Salmo 41/42, Cantar de los Cantares), clásicas grecolatinas (Lida de Malkiel 1939: 31-52), patrísticas, y renacentistas, con ecos del folclor y de la lírica amatoria tradicional castellana, catalana y galaico-portuguesa (e.g. las cantigas de Pero Meogo [Videira Lopes 2006: 2:411-415]; Frenk [2003: 1:256, no. 322]). Lope sólo rompe con este esquema al evocar los colores del hábito carmelitano en su caracterización de la Santa como cierva blanca y parda. Al mismo tiempo la imagen del agua que también es fuego abrasante —imagen que denota la coincidentia oppositorum de lo sacro— tiene paralelos sugerentes en la poesía amatoria del Siglo de Oro: por ejemplo, el amante como fuego inextinguible que atraviesa incólume las aguas de la muerte en el célebre soneto de Quevedo Amor constante más allá de la muerte (“nadar sabe mi llama la agua fría”). El segundo cuarteto enfatiza, por su parte, el arduo ascenso de Teresa hacia la cumbre del Monte Carmelo en aras de la descalcez: una visualización simbólica de esa iniciativa teresiana abocada al encuentro con la Divinidad, que se contrapone al don gratuito del arrobo en los dos tercetos subsiguientes. Véanse las calas perceptivas sobre estos cuartetos en Entrambasaguas (1963: 392-393). del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imágenes...

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