Actas del IV Congreso Internacional de Mística

104 actas del iv congreso internacional de literatura mística de ingenio, Lope en su soneto enlaza la misteriosa pluma de la Santa con la cual comunica por escrito los frutos más granados de su experiencia de Dios con las plumas desprendidas de las alas del serafín cazador que caen en sus manos (¿o que ella misma le arranca?) mientras yace extasiada por el dardo flamígero clavado en sus entrañas.17 El dardo del ángel propicia a un mismo tiempo el éxtasis de la unión transformante (el seráfico fuego a Dios os junta) y la escritura que sustenta su pedagogía mística (cuanto veis en él, traslada el alma), gracias paralelas reafianzadas por la trabazón elegante de sus versos.18 La aliteración de la bilabial sorda (para que os deje estática la punta / y las plumas se os queden en la palma) aúna la punta del dardo con las plumas en la palma de la santa, coadyuvada rítmicamente por los acentos primarios que también recaen en los tres sustantivos paroxítonos (púnta / plúmas / pálma), en el adjetivo estática y en los verbos yuxtapuestos en paralelo (os déje // os quéden). El verbo transitivo dejar que denota la agencia divina cifrada en la punta del dardo da paso así al verbo intransitivo quedar(se) que realza el efecto concurrente de esa acción con la recepción (¿pasiva?) de las plumas. Se refuerza, además, el carácter volitivo de ese dejar con el desplazamiento por anacrusis del primer acento primario a la cuarta sílaba de ese endecasílabo (pa-ra-que_os-dé-je ...), mientras que el segundo acento primario, la A acentuada de estática que recae en la sexta sílaba, anticipa la otra A acentuada en palma, último acento del terceto. Finalmente, el esquema prosódico de los tercetos enlaza a su 17 Para Entrambasaguas (1963: 393), “el dardo, en la idea personal que la palabra infunde en Lope —semántica, no originada por el texto teresiano, sino por otra lectura del Fénix: quizá en los historiadores de Indias, que no sería difícil determinar— lleva plumas, y con una de ellas, escribe Santa Teresa.” Aunque esta propuesta es plausible, nos hace mucho más sentido contextual que la inspiración del concepto lopesco derive de la imagen tradicional de los serafines alados. Es decir, resulta más sencillo suponer que la pluma en mano de la Santa, en esa imagen que ornaba la fuente del claustro carmelitano, evocara ab initio las plumas mismas del ángel como inspiración del poema, y no las presuntas alas de un dardo asociado con las armas indígenas descritas en alguna crónica de Indias. 18 De Certeau (1982: 261) propone un vínculo alterno entre la transverberación y los mandatos de escritura que le imponen algunos clérigos a Teresa, con el dardo como cálamo y su cuerpo como plataforma de su textualización: “Ce corps féminin atteint par son consentement au vouloir que lui signifie, telle la flèche de l’ange dans la statue du Bernin, le message des clercs, s’offre donc à son destinataire comme l’écriture première de Thérèse: voici mon corps écrit/ blessé par ton désir.” Ampliación de sus reflexiones sobre esta visión en De Certeau (2013: 274-276). No extraña tampoco que Julia Kristeva, en su novela Thérèse mon amour, evoque por primera vez a la santa como escritora de cara precisamente al relato de la transverberación: “Thérèse aimait lire, on l’a fait écrire. D’une plume émue, ferme, précise, elle décrit ce mélange de souffrance et de jubilation qu’elle éprouve, en insistant sur l’agent subtil de sa commotion: c’est Éros, armé d’un long dard, la point de fer de Dieu Lui-même” (Kristeva 2008: 13).

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=