Actas del IV Congreso Internacional de Mística

107 Deléxtasisalajedrezenlamísticaespañola:dosimágenesdeSantaTeresa,conunguiñoaLopedeVega que quien no sabe concertar las piezas en el juego de ajedrez, que sabrá mal jugar; y si no sabe dar jaque, no sabrá dar mate. Ansí me havéis de reprehender porque hablo en cosa de juego no le haviendo en esta casa ni haviéndole de haver. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta vanidad sabía; mas dicen que es lícito algunas veces. ¡Y cuán lícito será para nosotras esta manera de jugar, y cuán presto —si mucho lo usamos— daremos mate a este Rey divino, que no se nos podrá ir de las manos ni querrá! (CP-Escorial, cap. 24.1)24 Las metáforas ajedrecísticas se precipitan encrespadas en este capítulo de transición. La oración —sugiere la santa— es como el ajedrez: un arte espiritual que exige preparación, conocimiento y ahínco. Antes de abalanzarse a la vida contemplativa, las monjas —como buenas ajedrecistas— deben saber concertar las piezas e ir entablando el juego con las disposiciones morales que este tipo de oración presupone. Deben cultivar sobre todo la virtud de la humildad, compañera inseparable del amor y del desasimiento de lo creado, que Teresa en clave alegórica equipara con la dama: la que más guerra le puede hacer en este juego y a quien todas las otras piezas ayudan pues es la única que es capaz de que Dios se haga rendir (CP-Escorial 24.2).25 El que desconozca estas reglas sabrá jugar mal, y si no sabe dar jaque, no sabrá dar mate. Y una vez se familiaricen las monjas con esta manera de jugar, deben perseverar en la práctica asidua de las virtudes y de esas técnicas de oración que está a punto de exponer. ¿Qué precio les depara —si mucho lo usamos— este juego espiritual? Nada más y nada menos que darle jaque mate a este Rey divino, que no se nos podrá ir de las manos ni querrá, como si Dios no tuviera más remedio que ceder acorralado, inerme ante la pujanza irresistible de una ajedrecista sagaz en el umbral del éxtasis (así al menos parece afirmarlo en un arrebato exhortatorio del más puro atrevimiento que pudo levantar ronchas entre sus censores). Teresa, sin embargo, mitiga su osadía al sugerir de pasada que la entrega incondicional del contemplativo, corona de sus virtudes, es requisito necesario para que Dios se le ofrezca. Con la cesión del juego ya no al jugador sino al Rey mismo, ese Dios que se entrega libremente en las 24 Madre de Dios y Steggink (1986: 297). 25 La dama sólo se había convertido en la pieza más poderosa del tablero para la época del Arte de axedrez de Juan de Lucena (1497). del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imágenes...

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