Actas del IV Congreso Internacional de Mística

108 actas del iv congreso internacional de literatura mística honduras insondables de la unión jubilosa, la metáfora ajedrecística se desarticula un poco (la contemplación se intuye en este caveat como don gratuito de la divinidad, igual que la transverberación y otras mercedes afines, pues las virtudes, aunque aquí no lo explicite, serán necesarias pero no suficientes). Tal y como lo expresa en el cierre de capítulo, el que sólo medita sin ser contemplativo en los principios no supo entablar el juego; pensó bastava conocer las piezas para dar mate y es imposible, que no se da este Rey sino a quien se le da del todo (CP-Escorial 24.4). No extraña en sí el recurso al ajedrez como figura alegórica en Santa Teresa. La ubicuidad del ajedrez en la cultura del ocio desde su llegada a Europa a través de los árabes marca a fuego la literatura occidental con una verdadera proliferación tanto de alusiones breves y descripciones puntuales como de reelaboraciones alegorizadas mucho más complejas. En la baja Edad Media europea, Chaucer, Dante, Boccaccio, Chrétien de Troyes, Jean de Meun y Guillaume de Lorris, por nombrar sólo algunos archiconocidos, conjuran algún matiz del ajedrez y sus reglas como fuente inagotable de analogías poéticas: cientos de alfiles, caballos y peones que se enfrascan arremolinados en fragorosas lides campales sobre tableros simbólicos para proteger a sus reyes. Los escritores de habla hispana tampoco son la excepción. La imaginería ajedrecística permea la literatura hispánica desde Alfonso X el Sabio hasta Jorge Luis Borges, y desde la Edad Media y el Siglo de Oro hasta las mismas postrimerías de la modernidad en ambos lados del Atlántico.26 Afinando un poco más el tanteo, no extraña tampoco la vuelta a lo divino del ajedrez como alegoría religiosa. La vida religiosa 26 Así lo viene documentando con su erudición habitual Fernando Gómez Redondo en su columna “El ajedrez y la literatura” para la revista Rinconete en el Centro Virtual Cervantes (cvc.cervantes. es) desde el 2012 (el 12 de mayo del 2025 llevaba 151 columnas escritas para esta serie). La estela de autores y obras que compulsa incluye a Los siete infantes de Lara, Gran conquista de Ultramar, Alfonso X y sus Libros de acedrex, dados e tablas (obra pionera en tratadística occidental sobre el tema), las versiones hispanomedievales del Tristán, Juan Alfonso de Baena, Álvarez de Villasandino, Juan de Mena, Marqués de Santillana (soneto X), Jorge Manrique, fray Iñigo de Mendoza (Coplas de Vita Christi), Triste deleytación, La Celestina, Juan de Lucena y su Arte de axedrez de 1497 (el primer tratado moderno sobre este juego en Europa), la Crónica anónima de Enrique IV, Feliciano de Silva (Lisuarte de Grecia), Pedro Manuel Jiménez de Urrea (Penitencia de amor, 1514), Lope de Vega, Covarrubias, Góngora, Cervantes, Quevedo, la traducción quinientista del Tractatus de ludo scacchorum de Jacopo de Cessolis, etc. Un repaso del CORDE incrementa por mucho las nutridas referencias al ajedrez en toda nuestra literatura desde los albores del vernáculo hasta el poema que le dedica Borges y más allá. Y sólo nos limitamos aquí a los archivos literarios del vernáculo castellano: la asociación de Iberia con el ajedrez ya es muy antigua, como lo sugieren las cuatro piezas de ajedrez asociadas con el obispo benedictino San Genadio de Astorga, siglos IX-X.

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