110 actas del iv congreso internacional de literatura mística Lo que sí sorprende en la reformadora abulense es el giro inusitado que le da a esta analogía. Darle jaque mate a Dios son palabras mayores, hipérbole sacroprofana que pareciera subvertir el equilibrio funambulesco de la economía salvífica en una clave cuasi-pelagiana. Aunque Teresa insiste a lo largo de su obra en la contemplación y sus consuelos como don gratuito (el caso evidente de la transverberación que ejemplifica la toma de iniciativa divina, Teresa inerme y pasiva ante su seductor angélico), esta figura lúdica del jaque teresiano conjura a un Dios tan solícito y seducible que el amor de sus criaturas lo derrota y avasalla. El atrevimiento de Teresa, repito, es inusual y arriesgado. Si le echamos un vistazo a las tradiciones previas, tanto por el lado cristiano como por el islámico, nos vemos desasistidos en la búsqueda de comparanda. Por un lado, los predecesores de la Santa en la mística amatoria cristiana le dan giros menos chocantes a las metáforas del ajedrez desde el seno de su religiosidad. La beguina Hadewijch en el siglo XIII se imagina a sí misma como el Rey del ajedrez y a Dios-Amor como un ajedrecista que se yergue victorioso en el tablero del Amor, dándole jaque mate. Want ieghen gode en was nie dine Die men in rechter minnen beghine. Al segghic dore der riker ghewout Die minne heuet in hare behout, Dat kinnic men, ghi kinnet bat: Ghi sijts in scaec ende ic in mat. Mengeldichten 1, vv. 109-114 (Van Mierlo 1952: 7-8) Pero no podemos dar siquiera contra Dios el primer paso en el Amor cuando es tal y como debiera. Todo lo que he afirmado sobre ese poder extraordinario que el Amor tiene en su posesión yo no lo conozco tan bien, tú lo conocer mejor. Me diste jaque mate y me has vencido. Es más que comprensible que el ajedrez del amor, en un rifacimento místico, le ceda a Dios la prerrogativa de darle mate al alma enamorada
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