Actas del IV Congreso Internacional de Mística

116 actas del iv congreso internacional de literatura mística familiaridad íntima con ese juego venerable que muestra conocer tan bien. La insinuación, por otra parte, de que a Dios pudiera acorralársele con un mate trascendental —carente, hasta donde nos consta, de precursoras cristianas, judías o islámicas premodernas— era, en efecto, temeraria en extremo. Fue tanto así que al trabajar en la revisión que se conserva en el códice autógrafo de Valladolid, después de haber ampliado la versión escurialense unos cinco folios (folios 59 - 63), Teresa los arrancó de cuajo y abrevió el tema de ese capítulo a uno solo sin que quedara el más mínimo rastro de la metáfora ajedrecística. A fray Luis de León tanto le impresionó, sin embargo, ese pasaje expurgado con el ajedrez superno que, al incorporar la versión vallisoletana del Camino de Perfección a su editio princeps de las obras de la Reformadora (Salamanca 1588), reinsertó, a su vez, los folios descartados.40 Era azaroso en la España inquisitorial “pensar la teología” a través de tales metáforas. Ahora bien, esta alegoría de la contemplación como un juego de ajedrez remacha al mismo tiempo otro aspecto sustancial de la teología mística de Santa Teresa. El ajedrez es el juego de la inteligencia por excelencia— y de una inteligencia estratégica. Es el drama psicológico de dos mentes confrontadas sobre el tablero, que elucubran estrategias afianzadas en un proceder metódico y deliberado para una lucha incruenta. La vida de oración para Teresa es, por su parte, una disciplina de crecimiento espiritual que también conlleva preparación, discernimiento, estrategia, tenacidad. Es la coreografía de esfuerzos concertados en la búsqueda de Dios en ese combate diario consigo misma que el ajedrez también representa. Era pilar ortodoxo de su fe que las gracias místicas son gratuitas, que Dios le obsequia a quién quiere el don refulgente de la contemplación. Un arrebato como el de la transverberación que comentábamos al principio era para santa Teresa epítome un tanto hiperbólico de nuestra condición de criaturas como recipientes pasivos de las mercedes divinas más extravagantes. Esto, sin embargo, no exime ni mucho menos de cultivar las virtudes y entregarse a las disciplinas de la vida religiosa con deliberación metódica. La analogía teresiana con el ajedrez implica unas expectativas de ahínco, disciplina y perseverancia en la vida contemplativa, con todos sus altibajos y en plena conciencia de que esas gracias son puro obsequio de una divinidad insobornable: unas expectativas por ende ajenas a una espiritualidad 40 El capítulo 16 en la editio princeps abarca las páginas 84 a la 92 en el Tomo II. El texto escurialense reinserto por fray Luis figura en las páginas 84-86.

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