10 actas del iv congreso internacional de literatura mística James McManus, quien fuese obispo de Ponce cuando la Universidad se estableció en 1948, y donde recibimos a los estudiantes de primer año en aquel entonces. Mi primer proyecto, cuando llegué como Presidente a esta Universidad en el año 2009, fue convertir este lugar, de lo que era hasta ese entonces, un anfiteatro, a lo que es hoy: el Teatro Monseñor Vicente Murga. En aquel entonces, muchas personas me preguntaron el porqué iniciar con un proyecto como un teatro, y recuerdo que contesté que la misión y la identidad de la Universidad es ayudar a formar a los seres humanos, que aquí le enseñaremos Contabilidad y le enseñaremos Ciencias y le enseñaremos Trabajo Social, pero le enseñaremos, sobre todo, lo que significa ser un ser humano: cuál debe ser su identidad y su visión y su misión en la vida y, por lo tanto, deberíamos tener un lugar apropiado donde se les presente a los estudiantes esa formación en las Humanidades. Esa formación de lo que significa “ser humanidad” es fundamental y como es frente a este Teatro, en el Edificio McManus, a donde llegan primero los estudiantes de primer año, nosotros deseamos que lo que primero observen sea un teatro y que aquí vengan a escuchar conferencias, y a escuchar conciertos, y a encontrarse extasiados en las obras de teatro. También, al otro costado del Teatro, se encuentra nuestra Escuela de Derecho, actualmente bajo renovación. Esta Escuela se estableció hace sesenta y dos años, pero algo muy interesante es que fue fundada por un joven sacerdote a quien la Universidad envió a estudiar Derecho a la Universidad de Puerto Rico, la universidad estatal. Más tarde, ese sacerdote se convirtió en el obispo de esta ciudad de Ponce, un obispo muy reconocido, muy querido: Juan Fremiot Torres Oliver. Queridos participantes de este Congreso: la comunidad universitaria les recibe con alegría y con esperanza. De una manera especial, y lo mencionaba Caridad, les damos la más cordial bienvenida a nuestros exponentes, que han viajado desde tantos países hermanos y, otros, desde ciudades más cercanas aquí en Puerto Rico: gracias por su generosidad. Estoy seguro de que tenían otras tantas complicaciones para venir aquí y, sin embargo, hicieron sus arreglos para estar con nosotros, gracias por su generosidad al aceptar nuestra invitación. Han viajado largas distancias unos, y menos distancias otros, para encontrarse con esta porción del pueblo de Dios que peregrina en nuestra patria y en nuestra Universidad. Hoy nos volvemos a encontrar con queridos amigos que nos
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