Actas del IV Congreso Internacional de Mística

119 Deléxtasisalajedrezenlamísticaespañola:dosimágenesdeSantaTeresa,conunguiñoaLopedeVega reducirse la poesía a su contenido proposicional. Los poetas “piensan” a través de la poesía. San Juan y Santa Teresa así lo hicieron también en sus versos. Elaboran argumentos y refinan conceptos, inscritos de forma acumulativa en la estructura y desarrollo del poema, a través de esos aspectos formales de su lenguaje que hacen del mismo una creación artística, y en el marco de las tradiciones literarias y religiosas que nutren sus versos. El Dios trascendente de la apofasis es el mismo Dios inmanente y encarnado que proclaman y profesan. Pero volvamos finalmente al ajedrez de Teresa en Camino de Perfección. Cuando se prepara para explicarle a sus monjas cómo perfeccionar el arte de la oración vocal, Teresa allí asevera (y cito): “... quiero aconsejaros (y aun pudiera decir enseñaros, porque como madre tengo ahora este cargo), cómo havéis de rezar vocalmente, porque es razón entendáis lo que decís” (CP Escorial 39.8, casi idéntica formulación en CP Valladolid 24.2).43 Plenamente consciente del texto paulino en I Corintios 14: 34-35 tantas veces invocado para vedarle a las mujeres el magisterio dentro de la iglesia (mulieres in ecclesiis taceunt ... / αἱ γυναῖκες ἐν ταῖς ἐκκλησίαις σιγάτωσαν ...), Teresa asume aquí con valentía su derecho insobornable a educar a sus monjas en la fundación abulense de San José, casa madre de la Descalcez. Es de las raras veces en sus escritos que recurre explícitamente al verbo enseñar para caracterizar su propia gestión al cuidado de sus hijas, en cauteloso desafío de una tradición misógina.44 No podía permitirse el riesgo de que un desacierto en sus escritos le costase la Reforma en manos de la Inquisición. Pero un compromiso insoslayable con la defensa de la vida espiritual se sobreponía a todo escrúpulo en Camino de perfección. Tal y como Lope lo insinuara en su defensa poética del magisterio teresiano, la madre fundadora instruye a sus hijas con un caudal de experiencias acrisoladas en el fuego numinoso de la oración, a la par que las destila en su propia escritura con una apologia pro vita sua. Decía, respecto a esto, mi maestro Francisco Márquez Villanueva (1968: 195): 43 Madre de Dios y Steggink (1986: 336). 44 Véase Márquez Villanueva (1968: 191-196). del éxtasis al ajedrez en la mística española: dos imágenes...

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