ALGUNAS CLAVES ANAGÓGICAS PARA LA LECTURA DE LA DIVINA COMEDIA Ángel García Galiano Universidad Complutense de Madrid La historia de la recepción de la obra de Dante es, cuanto menos, sorprendente. Hubo primero una notable difusión y amplia repercusión manuscrita en vida e inmediata posteridad, sustanciada en los comentarios, entre otros, de sus propios hijos, obsesionados, con razón, por apuntalar la ortodoxia del padre frente a las tantas veces temerarias estrofas anticlericales de su obra; y más tarde del propio Boccaccio, que contribuyó como nadie con su vida de Dante (Trattatello in laude di Dante Alighieri1) a ensalzar la obra del poeta florentino “injustamente exiliado”, como se autoproclamaba en algunas de sus epístolas, a imagen y semejanza de Cicerón, que jamás se consideró “bandido”, sino exule. De hecho, si nos atenemos solo a los comentarios2, en latín y en vulgar, a la Comedia, en el siglo XIV y XV pasan de 20; se reducen a apenas un puñado ya en el XVI, y desaparecen completamente en siglos posteriores, quedando su figura, y su obra, como la de un poeta oscuro, 1 Giovanni Boccaccio, Trattatello in laude di Dante Alighieri, edición bilingüe italiano-español, traducción y edición a cargo de Júlia Benavent, Fundación Aquae, 2016 2 Con respecto a los primeros comentarios, véase la excelente tesis de Rosa Affatato, Del texto a los contextos: ejemplos de interpretació n alegó rica y horizontes culturales en algunos comentarios a la “Divina Comedia” entre los siglos XIV y XV, UCM, 2016.
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