Actas del IV Congreso Internacional de Mística

131 algunas claves anagógicas para la lectura de la divina comedia Lo más significativo de este acercamiento es que ya estaba predicho en la propia obra de Dante, al igual que los dos anteriores, el alegórico católico, y el político; el problema de llevar a cabo esta hermenéutica residiría en que su alta vinculación con elementos espirituales (no confesionales, atención) y explícitamente no duales (místicos) ha supuesto una barrera prácticamente infranqueable en la selva oscura de la fragmentación dualista de la mente occidental, sobre todo desde el triunfo del cartesianismo y la perdida propedéutica del componente trinitario (materia, mente, espíritu) en la configuración de la realidad universal y humana que se venía propugnando desde el neoplatonismo y que está, también, en el centro de la construcción dantiana, como es sabido. En el prejuicioso racionalismo académico, cualquier cosa que huela, de lejos, a espiritual, es rechazado con vehemencia, condescendencia e ignorancia. Sin embargo, sostengo que este acercamiento no confesional, pero abierto a la trascendencia, es fundamental para profundizar en la comprensión de un texto tan insondable. Se trata de una interpretación que no niega las otras lecturas (literales, alegóricas o morales) sino que las integra en una mirada abarcadora, cosmoteantrópica5, en la que lo divino, lo humano y lo cósmico no son tres dimensiones, sino facetas indispensables y fundamento del peregrinaje dantiano por los tres reinos: el material, el mental y el pneumático. Para que esto no parezca mera elucubración o peor aún, palabrería, vamos a detenernos atentamente en la propia intentio auctoris del poeta. Me refiero a la famosa Epístola XIII, al Can Grande della Scala, en la que especifica a su mecenas, amigo y anfitrión, el dux de Verona, las maneras en que puede leerse el libro que tiene entre manos (la cántica del Paraíso), y que le ha dedicado como forma de honrar y agradecer así su generosidad con el amigo exiliado. la epístola xiii Así comienza esta carta a su benefactor6, escrita al final de su fecundo solaz veronés, hacia 1318, intuimos que ya con su Paradiso en avanzado estado de composición: 5 Utilizo, levemente matizada, la terminología de Raimon Panikkar, La intuición cosmoteándrica: Las tres dimensiones de la realidad (Madrid, Trotta, 1999) 6 Aceptemos que es de Dante, más allá de las polémicas a favor y en contra. Para un análisis de esta, incluido el estado de la cuestión sobre la autoría, véase Juan Manuel Arriaga, La divina Comedia de Dante a través del accessus en la epístola XIII a Cangrande della Scala, UNAM; y Mutatis Mutandis: Revista Internacional de Filosofía, núm. 10, 2018 (junio), pp. 143-176, Estudio introductorio y traducción directa del latín al castellano de Julián Barenstein.

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