132 actas del iv congreso internacional de literatura mística 1. Al magnífico y victoriosísimo Señor, Don Can Grande della Scala, del sacratísimo Principado cesáreo, Vicario General en la ciudad de Verona y en la de Vicenza, su muy devoto Dante Alighieri, florentino de nacionalidad, no de costumbres, le augura una larga y feliz vida, y el perpetuo engrandecimiento de su glorioso nombre. 2. La ínclita alabanza de vuestra Magnificencia, que una fama que nunca descansa disemina volando de acá para allá, arrastra a unos y a otros en modos diversos, ya que en unos exalta la esperanza de la prosperidad, y en otros desencadena el terror del exterminio. Tal encomio, sin embargo, que supera en mucho las gestas de nuestros contemporáneos, me pareció al principio excesivo, como desbordando los límites de la verdad, y yo, a veces, lo juzgaba superfluo. 3. Pero para que esta prolongada incertidumbre no me paralizara interminablemente, así como una vez la reina de Saba subió a Jerusalén, así como Pallas subió al Helicón, así yo subí a Verona para dar fe a mis ojos de las cosas que había oído. Y allí vi sus grandezas, y al mismo tiempo vi y palpé sus beneficios: y así como antes sospechaba un exceso en los dichos, después supe que los propios hechos eran excesivos. Y a la manera como primero, por la sola fama, aunque con limitada adhesión, estaba bien dispuesto hacia usted, ahora apenas haberlo conocido me volví muy devoto y su amigo. Vemos que tras el encabezamiento y la loa a su interlocutor se presenta, como acostumbra: “florentino de nacionalidad, no de costumbres”, y le confiesa que la fama que le precedía siempre le pareció excesiva, hasta que tuvo el placer y la posibilidad de encontrarlo cara a cara y comprobar que, si antes sospechaba que los dichos sobre su persona y obras eran exagerados, ahora podía corroborar como testigo de estos que esos elogios no eran desmesurados, sino más bien al contrario. Lo que me interesa ahora subrayar no es el encomio, vagamente retórico, sino la fusión mítica (volveré sobre este estilema poético) que va a practicar Dante al elogiar la magnanimidad de su amigo y valedor.
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