133 algunas claves anagógicas para la lectura de la divina comedia Si la fama de Salomón y su sabiduría llegó hasta las lejanas y ardientes arenas de Saba, o la de las Musas en el Helicón hasta el Olimpo, a oídos de Palas Atenea, así Dante, como la reina y la diosa (obsérvese la equiparación con sendos personajes femeninos asociados a la sabiduría legendaria y arquetípica, uno de la tradición bíblica, otro de la pagana) subirá (la elección ascensional está muy ponderada en Dante y es significativa) a Verona a corroborar la fama del Cangrande. De esta suerte, y de manera harto astuta, y nada humilde, Dante se equipara a dos figuras simbólicas que encarnan la Sabiduría, una del ámbito bíblico hebreo (segundo Libro de los Reyes), otra del territorio mítico grecolatino. Sabiduría femenina que emprende un movimiento ascensional, anagógico, para corroborar que allí en lo alto (Jerusalén, Helicón, Verona) también reina y gobierna sus acciones esa misma virtud suprema. Recordemos, siquiera de pasada, que uno de los elementos estructurales y constructivos más originales de la Comedia de Dante es esa explícita decisión de imbricar, de trenzar, en una misma escena símiles del ámbito bíblico judío o evangélico cristiano, con mitos grecopaganos o personajes de la historia romana. Me atrevo a decir que no hay un solo canto en que no se cumpla este eficacísimo recurso estilístico y, al par, ideológico. Como si el poeta nos dijera en sus versos mestizos: estoy tan orgulloso culturalmente de mi tradición judeocristiana y sus imágenes y símbolos como de la tradición cultural grecorromana. Este hecho insólito, prácticamente inédito hasta Dante, hizo, por ejemplo, que luego nadie se extrañara de que la Catedral de Siena esté presidida, en su mosaico de entrada, por Hermes Trimegisto y las Sibilas, o que en la Capilla Sixtina Miguel Ángel, siguiendo el ejemplo de su paisano, acompase y alterne en sus nichos a un profeta del Antiguo Testamento: Jonás, Daniel, Isaías, Zacarías, Ezequiel, Joel, Jeremías, con las citadas Sibilas del paganismo: Delfos, Cumas, Eritrea, Libia y Persia. De esta suerte, se establece un triple paralelismo meliorativo y especular (en que, creo, sale ganando la propia figura del poeta con la excusa genial del elogio al político amigo) entre Dante, la reina de Saba y Palas Atenea, por un lado; y Salomón (el rey sabio), Apolo (padre delas musas) y Cangrande I por otro; y, como trasfondo geográfico, la Verona
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