135 algunas claves anagógicas para la lectura de la divina comedia mirada y poder ascender así a la cumbre enalteciente de sus más elevadas (o profundas) intuiciones poéticas. Ese esfuerzo ascético de su peregrinaje, cifrado explícitamente en el descenso ad inferos y en el ascensus in coelis por la montaña santa hasta la plenitud de lo humano, por todos los reinos de la realidad (material, mental, espiritual) conducirá, en un momento dado, a que la propia Gracia (Beatrice) descienda y nos eleve ingrávidos ya de materia (transhumanos) a las altas esferas de la realidad pneumática, o espiritual; en otras palabras: para que lo divino descienda, lo humano debe esforzarse hacia lo alto. El poeta debe de tener ya muy avanzada la composición de su “tercera cántica” cuando redacta esta epístola para dar las claves de su lectura, y proclamar su amistad agradecida con su mentor, al decidir dedicarle esta parte final de su obra cumbre: “no hallé algo más apropiado para vuestra propia excelsitud que la sublime cántica de la Comedia que se decora con el título de “Paraíso”; y bajo la presente epístola, como dedicada bajo un epígrafe propio, os la asigno, os la ofrezco, en fin, os la encomiendo.” Queremos imaginar muchas conversaciones del veronés y otros amigos, sorprendidos ante la lectura de los osados versos del florentino, no solo harto profundos, sino muchas veces provocadores y en el filo de la heterodoxia cuando no directamente peligrosos en una época poco propicia para ello. Dante, con una habilidad extraordinaria, asume como propia la hermenéutica bíblica que se había propagado entre los exégetas medievales y que, recientemente, había cifrado el dominico Agustín de Dacia en su famoso dístico. Antes de analizarlo, caigamos en la cuenta de que Dante, consciente de que está escribiendo un nuevo evangelio (fruto granado de la joaquiniana Edad del Espíritu, como he explicado en otra parte7), asume para su obra la misma técnica exegética que la que se está impulsando en la Iglesia y las universidades para interpretar los textos sagrados. En efecto, un casi coetáneo suyo, el dominico Agustín de Dacia (†1285), propone una cuádruple hermenéutica en su obra Rotulus pugillaris, cuyo título se puede traducir como “El pequeño manual” y que muy probablemente sea una versión corta de su perdido 7 “Borges dialoga con Dante: hacia una poética comparatista”, (Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas, Universidad Nacional del Mar del Plata, 2017, pp. 139-153.)
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