12 actas del iv congreso internacional de literatura mística la vida ordinaria? Yo recuerdo una de las presentaciones del P. Francisco Javier Sancho Fermín sobre este tema en uno de los congresos anteriores, donde preguntaba: “¿Es posible experimentar el Misterio en la vida ordinaria?; ¿Es posible estar abierto al Espíritu Santo de tal manera que se posibilite de forma inexplicable el hablar con Dios?; ¿Es posible para el ser humano tener una experiencia religiosa de tal manera que reconozca a Dios y que esa experiencia transforme su vida?; ¿Es posible vivir profundamente el misterio cristiano de tal manera que prevalezca Dios sobre la vida ordinaria?”. Estas son las preguntas que yo, como un inexperto de este tema, me hago y me he hecho. En el centenario de la muerte de San Francisco de Sales, el papa Francisco habló sobre la importancia de tener lo que él llamó un estilo de vida lleno de Dios, y yo creo que, al fin y al cabo, los congresos nos hablan de esto, un estilo de vida lleno de Dios. Insistía el papa: “tan pronto como el hombre fija, con alguna atención, su pensamiento en la consideración de la divinidad, siente cierta dulce emoción en su corazón que muestra que Dios es Dios del corazón humano”. Les confieso que me impactó mucho que ello muestra que Dios es Dios del corazón humano. Siguió diciendo el papa lo siguiente: “[…] en el corazón y por medio del corazón es donde se realiza ese sutil e intenso proceso unitario en virtud del cual el hombre reconoce a Dios y al mismo tiempo a sí mismo, su propio origen y profundidad, su propia realización en la llamada al amor”. La experiencia mística de perfección en la vida espiritual nos conduce a contemplar el Misterio que, a la vez, pienso que siempre será pregunta y respuesta. Y, como insiste el papa, a descubrir que la fe no es abandono pasivo y sin afectos en una doctrina sin carne y sin historia: es, sobre todo, una disposición del corazón. En estos dos días, pienso que hablaremos de esto: es una disposición del corazón que nace de la contemplación de la vida de Jesús, pero, también, en otras culturas será la contemplación de otra manera. A este tenor, el papa se refería específicamente a que nace de la contemplación de la vida de Jesús y nos hace habitar la historia con confianza y concreción: en la Encarnación. Henri de Lubac diría: “[…] cierta unión afectiva con la Divinidad para un cristiano no puede tratarse de otra cosa que de la unión con el Dios tripersonal de la revelación cristiana, unión realizada en Jesucristo y por medio de su gracia”.
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