145 laexperienciamística,experienciadeunidad,segúnelmaestroeckhart“.deja dios erdiosenti”(sermón5b) privilegiadas de la divinidad” (Rubino, 2008: 119). En esta misma línea se encuentran también algunos teólogos protestantes, como Udo Kern, que sostiene que la única intención de Eckhart, al hablar del nacimiento de Dios en el alma, es elaborar un discurso teológico en términos filosóficos (Kern, 1980: 24). Por otro lado, son numerosos los estudiosos que mantienen que Eckhart es un místico, un “místico especulativo” que conjuga una profunda capacidad especulativa con una experiencia mística propia (Vannier, 2018: 63, 74, etc.). Según Karl Albert (2015: 708), el pensamiento eckhartiano pertenece a la esfera de la “mística filosófica”, pues conduce a la experiencia filosófica de unión entre el alma y Dios. Asimismo, el gran germanista Alois Haas lo califica de “mística fundamental” (Fundamentalmystik) (Haas, 2015: 322). Por su parte, el teólogo norteamericano Bernard McGinn dedica un volumen completo de su historia de la mística occidental al Maestro Eckhart y a sus discípulos, considerándolos como cima del misticismo occidental en la Alemania medieval (McGinn, 2005). En una contribución sobre la unión mística, sostiene que lo que caracteriza a Eckhart es que concibe la unión como unitas indistinctionis, la indistinción entre Dios y el ser humano. Designa la mística eckhartiana como una “mística del fondo” (a mysticism of the ground), en la cual el fondo de Dios y del ser humano dejan de distinguirse (McGinn, 2005b: 148-166). Por otra parte, el filósofo alemán Theo Kobusch resitúa la cuestión desde la historia de la filosofía, y recuerda que hasta el siglo XIX se apreciaba la mística y se la consideraba un saber o sabiduría y no una emoción irracional opuesta a la filosofía. Desde Orígenes, la mística designaba la metafísica de la interioridad: y el autoconocimiento era la tarea de la filosofía cristiana, con una vertiente práctica. Así pues, según Kobusch “la mística de Eckhart consiste […] en una metafísica del hombre interior”, en una ejercitación espiritual cuya plenitud conlleva la unión del ser humano con la Deidad o, según la denominación eckhartiana, el nacimiento de Dios en el ser humano (Kobusch, 2009: 32). Más allá de la perspectiva histórica, nos parece necesario clarificar qué queremos decir con el término ‘místico’, pues es cierto que el Maestro dominico no menciona explícitamente ningún fenómeno extraordinario, ni habla de su vivencia espiritual en primera persona, la experiencia mística, experiencia de unidad, según el maestro...
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