153 laexperienciamística,experienciadeunidad,segúnelmaestroeckhart“.deja dios erdiosenti”(sermón5b) Por otro lado, Eckhart y sus contemporáneos entienden la expresión evangélica de Lc 17,21 (“regnum dei intra vobis est”) como “el Reino de Dios está dentro de vosotros”, esto es, habitando en nosotros (In Ioh. n. 119, LW III: 104) ‒aunque hoy se suela leer “en medio de vosotros”. El Maestro alemán recuerda además que “el Reino de Dios” es Dios mismo, que está muy cerca, ‘en’ nosotros (cf. Bara 2017). Pero solemos estar distraídos, orientados hacia fuera, y no lo percibimos. En mi alma tengo una potencia que es absolutamente receptiva a Dios —explica en el Sermón 68—. Y estoy tan seguro de que nada me es más ‘cercano’ que Dios, como de que soy un ser humano. Dios me es más próximo que yo mismo lo soy de mí mismo; mi ser depende de que Dios esté cerca de mí y presente en mí. […] Dios está dispuesto en todo tiempo, pero nosotros estamos muy poco dispuestos. Dios está cerca, pero nosotros estamos lejos, Dios está en el interior, pero nosotros estamos fuera. Dios nos es íntimo, pero nosotros somos extranjeros a nosotros mismos (Bara y De Cos 2017: 67 y 73). De ahí que Eckhart invite siempre a volverse hacia el interior, a cambiar de manera de mirar, para reconocer la Presencia divina habitando en lo más hondo, en el fondo del alma. Está convencido que la vida eterna, que según Jn 17,3 supone conocer a Dios, es posible ya aquí. Así, según el Maestro alemán, la unión con Dios es una irrupción de la vida eterna en nosotros, del Reino del Dios; aunque también emplea otras metáforas, como el nacimiento de Dios en el alma. Considera que “es la intención de Dios dársenos completamente” (Sermón 11, Eckhart 2013: 353). Pero precisa que, aunque Dios se dé del todo, pues “Dios da el Espíritu sin medida” (Jn 3, 34), no todos lo reciben de igual modo, ya que depende de la capacidad y disposición de cada cual (In Ioh. n. 368). ¿Cuándo tiene lugar este encuentro, esta irrupción de la vida eterna en nosotros? Eckhart hace una profunda reflexión acerca del tiempo y de la eternidad. Así, penetrando el sentido del texto paulino de Gálatas 4,4-5: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo […] para que recibiéramos la filiación adoptiva”, explica que la plenitud del tiempo no es el final de los tiempos, sino “ahora”, pues “en la eternidad no existe ni el ayer ni el mañana, allí hay un ‘ahora’ presente” (Sermón 11; Eckhart 2013: 354). Amplía su explicación en el Comentario al Evangelio de Juan (In Ioh. n. 293) y en el Sermón 24: la experiencia mística, experiencia de unidad, según el maestro...
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