157 laexperienciamística,experienciadeunidad,segúnelmaestroeckhart“.deja dios erdiosenti”(sermón5b) forma de preguntas y respuestas. En primer lugar, Eckhart puntualiza que en esta ocasión se dirige a personas ejercitadas, cuyo corazón es libre y desasido, “y no a un ser humano natural y sin ejercitar, pues, para él, este nacimiento se halla muy lejos, y no sabe nada de él” (Sermón 101). Y distingue tres nacimientos: el que tiene lugar en la vida intradivina, es decir, “el nacimiento eterno, en el que Dios Padre ha engendrado y engendra sin cesar en la eternidad”; el nacimiento de Jesús en el seno de María, cuando el Hijo fue “alumbrado en el tiempo, en la naturaleza humana” y, por último, el nacimiento que se produce en nosotros. Citando a Orígenes, Eckhart exclama: “que este nacimiento suceda siempre, pero no tenga lugar en mí, ¿de qué me sirve?” Y concluye: “Que se produzca en mí, ¡eso es lo que de verdad importa!” (Sermón 101, Bara y De Cos: 82). Y ¿dónde tiene lugar el nacimiento? ¿dónde pronuncia Dios su Palabra, su Verbo? Ha de ser en lo más puro, no en las facultades, que se sirven de imágenes sensibles, sino en el fondo del alma: Ahí sólo hay quietud y sosiego para este nacimiento y esta operación, por la cual Dios Padre pronuncia aquí su Palabra. [...] Dios penetra aquí en el fondo del alma. Nadie puede llegar al fondo del alma sino sólo Dios. Las criaturas no pueden entrar en el fondo del alma. Deben quedarse afuera, en las facultades. […] Es allí donde Dios ha de tocarte con la simplicidad de su Ser, sin mediar imagen alguna. Sermón 101 (Bara y De Cos: 88). En este nacimiento o “toque” divino se produce un desfondamiento, una indistinción entre Dios y el ser humano: “aquí el fondo de Dios es mi fondo, y mi fondo es el fondo de Dios”, exclama Eckhart en el Sermón 5b. Y prosigue: “para quien haya echado una mirada, aunque sólo sea un instante, sobre ese fondo, cien marcos acuñados en oro son como moneda falsa” (Eckhart 2011: 71-72). Se podría hablar entonces de una experiencia extraordinaria, que colma de sentido. ¿Qué ha de hacer el ser humano para que este nacimiento tenga lugar? ¿Debe pensar en Dios continuamente? El Maestro alemán dice precisamente lo contrario: hay que permanecer en silencio, y recibir o “padecer” a Dios, dejarle hacer. la experiencia mística, experiencia de unidad, según el maestro...
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