168 actas del iv congreso internacional de literatura mística Esta noción clásica de la peregrinación espiritual entraña dos movimientos simultáneos: un viaje ad-extra, que corresponde al desplazamiento geográfico de los peregrinos, y un viaje ad-intra, que corresponde a un recorrido interior de hondas dimensiones espirituales. El viaje de Ángel por sus variopintos espacios geográficos es pues un viaje doble, con su anverso y su reverso; está anclado en la materia, pero a la vez vuela hacia lo Alto. Que es lo mismo que decir que el peregrinaje se abisma en el hondón del alma, donde san Agustín nos recordaba que habitaba la Verdad. No estamos ante un libro, sino, como dejé dicho, ante dos libros. O ante un libro que nos revela otro. Esto es así en más de un sentido, como veremos enseguida. El mismo poeta se encarga de señalarnos la condición dual de su colección de poemas. De ahí que se sirva de un curioso epígrafe, “Vislumbres y reflejos”. Hay algo que se vislumbra o entrevé en este plano corpóreo que constituyen los escenarios de la peregrinación; y ese “algo” entrevisto refleja o “trasluce” algo incorpóreo. Gentil Virgilio de su lector, el poeta lo guía en el proceso de este peregrinar espiritual hacia lo hondo del alma. Ángel destaca en negritas la palabra “reflejos”, para contraponerla con las “vislumbres”, y se sirve del mismo énfasis tipográfico a lo largo del poemario, escribiendo en negritas algunas palabras escogidas de cada poema. “Vislumbramos” así, como a través de una delicada celosía verbal, otro poema nuevo, que surge cuando colocamos en orden sucesivo las palabras en negritas. Hay pues que ir rearmando el segundo poemario oculto que subyace al primero. Asombra la originalidad del experimento literario de García Galeano, que se las arregla para que viajemos a su lado ad extra, pero, sobre todo, para que peregrinemos con él ad intra. ¿Y cómo contrastan ambos poemas, las “Vislumbres” paisajísticas corpóreas y sus “reflejos” secretos? El poema que surge de las palabras en negritas es invariablemente breve y alado, pues el poeta le sustrae la anécdota y lo redime del anclaje geográfico. Estos nuevos poemillas tienen la delicadeza de los haikus de Basho y la transparencia de los versos de Li Po, el célebre poeta romántico de la dinastía Tang. Los versos abreviados quintaesencian el poema extenso y, al hacerlo, nos revelan de súbito el efecto “epifánico” que la visita al espacio geográfico de turno ha tenido en el alma del poeta. Lo creado contiene siempre, si lo vemos con ojos adecuados, lo increado.
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