172 actas del iv congreso internacional de literatura mística amados que Dante perdió en su exilio. El protagonista poético pasea por el camposanto, convencido de que las tumbas son la morada de su cuerpo, pero no de su alma, que es “patrimonio del canto gregoriano”6. Patrimonio de lo Alto. Las citas intertextuales de san Juan de la Cruz se reiteran con apremio, y nos preparan para el vuelo alado del poemilla oculto: Campana y luz lenta de otoño morada del alma el canto de la cúpula abraza el corazón —crisálida de seda— en busca de su vuelo7. El haiku, libre de toda anécdota, ya no canta a San Miniato ni a Florencia, sino a la alta morada del alma, que es una crisálida de seda a punto de echarse al vuelo. Ese es pues el “reflejo” que el paisaje florentino ha suscitado en el poeta, sediento de eternidad. En el poema “Acantilados de Moher (Galway)” (p. 39), el poeta se detiene en la tragedia humana —hambre, emigración masiva— que subsiste en medio de la inmensa belleza de los acantilados irlandeses que el alter-ego del poeta visita como descendiente simbólico de dichos exilados. El hambre humana se trasmuta en el micropoema secreto en “hambre de belleza” y canta en comunión con los precipicios, olas y rocas, ahora desatados de la geografía de los mapas. Podemos percibir ecos de los cantores de lo inefable que han quedado afásicos frente a la maravilla: Neruda ante Machu Picchu, Borges ante el Aleph y san Juan ante la revelación de la Divinidad: “Mi Amado las montañas”: Hambre de belleza tierra de precipicios en medio de las olas asombro y temblor de rocas y aguas esta luz se alegra de nuestra mirada. 6 En San Miniato los monjes, en efecto, suelen entonar el solemne canto gregoriano, y tuve la oportunidad de escucharlo allí junto al poeta en 2023. 7 Para potenciar la idea que expone el haiku me permití añadir los guiones.
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