173 pesentacióndellibro:lasgeofaníasteofánicasdeángelgarcíagaleano La lección espiritual García Galeano está dada, y es muy honda. Se ha convertido frente a nuestros ojos no sólo en peregrino que se abisma en lo recóndito de su propia alma, sino en un auténtico contemplativo que hace su camino espiritual a través del abrazo de lo creado. Ya dije que el poeta camina en un mundo redimido o reconciliado, y de ahí su obsesión con los templos y las basílicas. Como el tantrik o aspirante a la espiritualidad tántrica de la India, no está encaminado hacia la renuncia de los deseos, sino que los trasciende para transformar su energía. Mediante dicha transmutación, sobrepasa la condición humana y la materia. Nuestro poeta no renuncia ni al amor humano ni a la belleza creada ni a la historia antigua. Así, representa al ser humano como receptáculo de las energías cósmicas que permanecen aletargadas, pero que pueden ser abrazadas, controladas y reorientadas. Este es el tantrismo auténtico, no sus formas adulteradas, que se quedan en lo corpóreo y degradan al practicante, víctima de la ignorancia metafísica, como recuerda Ramiro Calle8. Con todo, los riesgos de esta vía mística, comenta Calle, “no son pequeños” (Ibid., p. 16). Hay que ser un contemplativo auténtico y sobre todo estricto para emprenderla con éxito. El contemplativo que ha aprendido a tener la mente serena en medio de lo fenoménico logra pues “cabalgar sobre el tigre” (ibid., p. 19): la pasión bien reorientada puede alcanzar allí donde otras muchas potencias no pueden llegar. Sé bien que García Galeano conoce a fondo el budismo, y también que ha leído muy de cerca a san Juan de la Cruz. Lo recuerdo aquí porque la transmutación sutil de las energías amorosas que hemos visto en Geofanías también está presentes en los versos de San Juan. Quisiera poner a dialogar a mi amigo Ángel con nuestro santo poeta, tan leído, por cierto, por los estudiosos del budismo. Vaya un ejemplo del abrazo santificador de lo fenoménico en el “Cántico espiritual”. Allí san Juan transmuta solapadamente unas imágenes corpóreas en otras más elevadas: las flores terrenales se funden de repente en estrellas que son heraldos de la Trascendencia. El mundo sensorial se nos convierte sin previo aviso en un mundo trascendido, y caemos en cuenta que todo el tiempo estaba trascendido. Aunque lo fenoménico parecería ocultarnos esta alta noticia de Dios, estaba allí todo el tiempo. 8 Tantra. La vía secreta del amor y la erótica mística. (Madrid: Editorial Sirio, 2000, p. 17). presentación del libro: las geofanías teofánicas de ángel...
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