174 actas del iv congreso internacional de literatura mística Veamos cómo se da este proceso alquímico espiritual en el “Cántico”. Caminamos con la Esposa a zaga de la huella de su Amado perdido: parecería que sobrevuela los espacios de su itinerarium místico —majadas, montes, riberas, fuertes, fronteras—-. Su desplazamiento, de sobretonos sonámbulos, llevan a la protagonista a unos bosques espesos esmaltados de flores: ¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado! ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado! Decid si por vosotros ha pasado9. Advertimos que las flores que esmaltan el prado carecen de determinado color. Sólo vemos que brillan con resplandor plateado y astral —uso aquí el adjetivo astral con todo propósito—. El paisaje de san Juan es una poderosa radiografía metafórica del alma en un proceso alterado de conciencia. El primer impulso que tiene la esposa en su búsqueda es preguntar a las cosas creadas adónde ha ido a parar el que tanto quiere su alma. Los bosques y espesuras logran sugerirle la noticia, todavía difusa, del Amado. Los místicos suelen evocar la Belleza ultraterrenal en términos de la modesta belleza de este mundo, meditando frente a la naturaleza. Como otrora Wordsworth, la Esposa parecería inquirir de los paisajes arbolados la vestigia divinitatis del Creador de esos mismos paisajes. La intuición espiritual de que lo fenoménico encubre lo celestial se nos entrega a través de una imagen elocuente. Lo que la Esposa ve desde lo alto es una alameda verde punteada de flores incoloras, brillantes porque están “esmaltadas”. El vaciamiento cromático de las flores constituye un extraordinario hallazgo poético (y, veremos, místico) por parte de San Juan, ya que nos invita a visualizar un inmenso manto resplandeciente de luces. Anochece en medio de la lira —venerable noche oscura— porque es preciso apagar la razón y los sentidos para poder comprender la noticia oculta que nos ofrece el paisaje. Merced a esta imagen alucinada, de súbito el prado se nos convierte en un cielo estrellado. Lo supo bien San Juan, ya que en 9 Cito por la edición de las Obras completas de San Juan que preparé junto a Eulogio Pacho, o.c.d., (Madrid: Alianza Editorial, 1991/2003).
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