18 actas del iv congreso internacional de literatura mística No podría yo recapitular en este pequeño espacio temporal lo que ha acontecido, sobre todo porque no podría resumirse ni agotarse, por la amplitud y la profundidad del tema, los ecos que seguirán produciéndose en nuestro pensamiento, en nuestra conciencia, al seguir, por mucho tiempo, meditando y reflexionando al respecto. Creo, sin embargo, que podemos llegar a un consenso. No hay porqué decretar si la experiencia mística es o no es inefable. Prima facie, los místicos insisten en la dificultad comunicativa. Después de todo, cómo articular con signos lingüísticos, por definición arbitrarios, una experiencia fruitiva de Dios. Pero es un guiño irónico y amoroso pensar que, si la experiencia fuese inefable, no hubiésemos podido tener tema para conversar largo y tendido durante la celebración de cuatro congresos y un simposio, ni hubiesen podido los místicos de las diversas tradiciones y a través de los siglos, hecho correr tanta tinta en la caudalosa literatura mística. Porque aún con sus signos desvalidos, nos han acercado, deslumbrado y convencido de aquello que creían solamente balbucear. Solo una muestra: ¡Oh, noche que guiaste! ¡Oh, noche amable más que la alborada! ¡Oh, noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada! Es gracias a esta inefabilidad, certera o cuestionada, nuestro asedio constante a una renovada comprensión, esta búsqueda al acecho del sentido pleno de la existencia, apostando a comprender, cada vez mejor, con la celebración de estos congresos, a un saber que supone una verdad divina, revelada en y al interior del alma humana, mediante un proceso de unión porque Dios así lo quiso. Sólo me resta compartir que la preparación de un evento como este no se hace en solitario. Sería humanamente imposible. Mis colegas y compañeros del comité preparatorio del Congresos son el impulso detrás y frente a este congreso. Gracias a la alta administración de la universidad, especialmente
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