22 actas del iv congreso internacional de literatura mística introducción: inefabilidad como experiencia Hablar de mística sigue siendo una tarea no demasiado fácil, al menos aparentemente. Sigue siendo un término confuso para muchos; para otros, algo que remite sin más a una realidad trascendente o paranormal, o identificada con una especie de experiencias o fenómenos esotéricos. La sola palabra, para algunos, ya suscita una especie de reacción de admiración. Para otros muchos, incluidos muchos cristianos y presbíteros, la mística produce una cierta alergia y un manifiesto rechazo. No es nada nuevo lo que estoy diciendo, pero simplemente lo presento como preámbulo para contextualizar el tema general de la “la experiencia inefable”. Un calificativo que, según todos los estudiosos de la mística, se convierte en una nota característica y propia de la veracidad y autenticidad de la propia experiencia. Una experiencia que, por razón de su origen y contenido (un toque de Dios, de la divinidad, del Misterio, de la Energía, y una conciencia despierta de su presencia o acción), ya supera toda tentación de conceptualización o reduccionismo lingüístico. También por razón del espacio donde acontece esa experiencia: el espacio limitado pero infinito de la interioridad humana; un espacio que frecuentemente es el gran desconocido, y donde acontece, seguramente, lo más grande de la vida, más allá del sentido, más allá de las emociones, más allá de la propia piscología y sensibilidad. Pero, aunque todo acontece siempre más allá, más en lo profundo, el recipiente, el sujeto que lo acoge y experimenta pasivamente, es un ser que se vive a sí mismo en su limitación, en sus condicionantes y características propias, en su historicidad concreta: su peculiar psicología, su afectividad y sensibilidad, su intelecto, sus emociones, sus sentidos corporales. En una palabra, queda implicado todo el ser en su compleja unidad. Un ejemplo sencillo y experiencia común de todos: ¡qué difícil resulta hablar de experiencias transformadoras y transcendentes en la vida!; ¡qué difícil o abstracto se vuelve hablar del amor cuando no se conoce o simplemente se anhela!; o ¡cuando aún no se tiene una experiencia radical de felicidad, de amor! Y, aun así, cuando se experimenta en lo profundo (más allá de la esfera sensual o sentimental) cualquiera de esos alimentos vitales del ser humano
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