23 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein (amor, felicidad, paz, sintonía, bondad, etc…), qué difícil resulta formularlo o expresarlo con el lenguaje de la palabra, y qué pobres nos parecen las palabras para expresar la grandeza y profundidad de esas experiencias. Y, de hecho, como acontece también en la experiencia mística, solo una minoría ha asumido la aventura de expresar simbólica y semánticamente algo de lo vivido. Y siempre tras un proceso de autocomprensión o identificación, generalmente iluminado por otra palabra, por otra experiencia que viene al encuentro, y en la que emergen sinónimos paralingüísticos, que remiten a algo de esa experiencia que se hace lenguaje comprensible, cuando también es capaz de iluminar experiencias. Pero que también permanece cerrado e incomprensible para quien se acerca al lenguaje sólo desde la frialdad conceptual que parafrasea. Es la realidad del vivenciar humano, que ya Teresa de Jesús percibía en su proceso espiritual cuando, después de sufrir la experiencia del Misterio que la inunda y abrasa, intenta entenderse y autocomprenderse, para después poder darse a entender, y transmitir o comunicar a otros, de manera “inteligible”, lo que le está aconteciendo1. Sí, el lenguaje de la mística es un modo de expresar lo inefable: pero nunca para reducirlo, sino para autocomprenderse, para iluminar, para testimoniar, para suscitar y despertar. Un lenguaje que no esconde el misterio, sino que desborda de misterio, haciendo creíble lo increíble, porque es experiencia, es vida, es transformación. Y así, el lenguaje surge como necesidad vital de comprenderse, de relatarse a sí mismo lo vivido, de interconexionar la mente con el corazón y el espíritu. Un lenguaje cargado de todo aquello que forja la realidad experiencial de la persona, un lenguaje coloreado de su propia subjetividad ensanchada, que ha descubierto su verdadero yo muriendo al yo y que se percibe navegando en el infinito. El concepto para el místico es solo un vehículo limitado con el cual pretende compartir lo 1 Así lo expresa Teresa en el Libro de la Vida, cap. 17 nº 5: “Porque una merced es dar el Señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es. Y aunque no parece es menester más de la primera, para no andar el alma confusa y medrosa e ir con más ánimo por el camino del Señor llevando debajo de los pies todas las cosas del mundo, es gran provecho entenderlo y merced; que por cada una es razón alabe mucho al Señor quien la tiene, y quien no, porque la dio Su Majestad a alguno de los que viven, para que nos aprovechase a nosotros.” "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
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