Actas del IV Congreso Internacional de Mística

24 actas del iv congreso internacional de literatura mística “más grande y más bello”. Nunca es palabra cerrada o dogma ideológico: es un matiz, un color, un suspiro de la inmensidad inenarrable de la Plenitud. Pero el lenguaje necesita ser oído, escuchado, acogido, como la luz que ilumina nuestros senderos en la oscuridad de la noche. Pero si uno se empeña en no ver, en cerrar los ojos, en refugiarse en su ceguera, esa luz no podrá cumplir su misión para con él. No se trata simplemente de entender el universo subjetivo del otro, sino de dejarse contagiar, dejarse ensanchar en la propia receptividad subjetiva, que necesariamente es, también, diferente de la subjetividad del creador del lenguaje. De ahí que sabiamente Juan de la Cruz nos invite, no a leer, sino a hacer nuestra la realidad misteriosa que trasciende a la palabra y al lenguaje2. La etimología de la palabra “inefable” nos recuerda que estamos frente a una realidad de la que no se puede hablar o decir… Pero, de hecho, se ha dicho y se dice tanto. Cierto, la experiencia supera la palabra. Pero la dimensión configurativa del ser humano, en cuanto ser en relación, ser que se comunica y necesita comunicarse, la inefabilidad en él no es absoluta. Al fin y al cabo, es una experiencia que nace de la relación, de la comunicación con Dios, y eso afecta y transforma al individuo, haciéndolo capaz de asumir ese lenguaje: un lenguaje que no sólo se comunica en palabras, sino principalmente a través de la vida. Por eso, tantas veces, la teología negativa o apofática ha sido tan bien integrada en tantas escuelas y personajes místicos, si bien nunca llega al extremo absoluto del silencio incomunicable. Si la experiencia es auténtica, de una u otra manera se plasma en un lenguaje comunicativo. Un lenguaje que va más allá de la palabra, porque se hace palabra encarnada en quien lo vive. Y la vida se convierte así en el lenguaje comunicativo por excelencia. La vida misma es revelación del Misterio. 2 Un ejemplo de la inmensidad de lecturas que nos ofrece la experiencia del místico la transcribe el Santo en el prólogo al Cántico Espiritual: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz general, pues Vuestra Reverencia así lo ha querido; y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística (la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan) no ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afición en el alma, porque es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle.”

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