27 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein Si la teología mística se constituye en el grado superior del saber teológico8, ello implica que la experiencia de Dios es determinante en el conocimiento de Dios. Es el núcleo de toda vivencia mística: el encuentro con Dios de persona a persona.9 Pero la vía del conocer no se encierra en uno mismo, sino que generalmente viene dada en virtud de los demás. Aquí el que experimenta a Dios tiene la tarea de transmitir, de dar nombre y conceptualizar su experiencia para poder manifestarla y que sea para los otros una fuente de conocimiento de Dios. Pero no sólo en conocimiento, sino en transformación de vida, en amor, que afecta a toda la persona: «Cada grado hacia arriba es una más rica y profunda autorevelación y autoentrega de Dios al alma; para el alma esto significa un adentrarse más profundo e intenso en el conocimiento de Dios, lo cual exige por parte de aquella una entrega total.»10 Pero no toda obra de arte o “símbolo” es una expresión extraordinaria, o necesariamente ha de plasmarse en algo conceptual. La revelación más grande, el acontecer de lo trascendente, el milagro más auténtico acontece en lo cotidiano, en la vida. Y una obra de arte es tal, no solo por la pericia y talento del artista, sino cuando emerge como expresión de un modo de ser o de vivir, o de un anhelo aún no alcanzado, pero sí admirado e intuido. Para la gran mayoría de los místicos cristianos y para Edith Stein, la obra de arte más bella, más valiosa y perfecta es el ser humano11, quien con su vida y testimonio existencial se convierte en comunicación visible del invisible12. Y en esa misma línea comprenden los místicos 8 “Y así, la teología afirmativa y la negativa, una vez cumplido el ascenso, ceden el puesto a la teología mística, la cual alcanza la unión con el Inefable en silencio total.” Ib., p. 133. 9 Ib., p. 148. 10 Ib., p. 150. 11 Así lo expresan, por ejemplo, Teresa de Jesús al inicio del libro de las Moradas (1M 1, 1), y Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual (CB 1, 7-8). Y en esa misma línea, pero con un desarrollo en clave antropológica lo lleva a cabo Edith Stein en muchos de sus escritos. 12 Es algo que, por ejemplo, la misma Edith experimentó en un gesto muy significativo en el proceso de su conversión. Visitando la catedral de Frankfurt en 1916 por motivos artísticos, lo que a ella verdaderamente le impactó fue el gesto orante de una mujer que entró en la catedral con su cesto de la compra para hacer un momento de oración. Algo semejante acontecerá después con Edith en relación con su madre. Aunque esta no comprende ni acepta la conversión de su hija, sin embargo, no puede no reconocer que “No había visto nunca a nadie orar como a su hija” cuando la acompañaba a la sinagoga. "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...
RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=