Actas del IV Congreso Internacional de Mística

28 actas del iv congreso internacional de literatura mística cristianos el misterio de la “encarnación del Hijo de Dios” como la obra más grande de todas, donde acontece el verdadero milagro de la revelación: “y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14), como afirma el Evangelista Místico. O como afirma Juan de la Cruz al presentar a Jesucristo como la palabra última y definitiva de Dios, donde nos lo ha dicho ya todo13. Un hombre, un ser humano, una carne son el lenguaje privilegiado de la inefabilidad del Misterio de Dios. Y por analogía, la vida del ser humano termina siendo el lenguaje comunicativo, la expresión verdadera del acontecer del Misterio en el sujeto individual. Un sujeto que nunca ha dejado de ser “imagen y semejanza” de su Creador. (Se podrá poner en duda la experiencia, el relato de lo extraordinario. Pero el lenguaje comunicativo de la vida tiene una evidente expresión empírica, real y constatable). 2. el ser humano, como lenguaje de la inefabilidad En Edith Stein este enunciado puede ser desarrollado o entendido desde una doble perspectiva: una de carácter antropológico, en cuanto el conocimiento más auténtico y profundo del ser humano en la complejidad de su ser y de su interioridad, es capaz de acercarnos a ese Misterio inefable de la autocomprensión, abriendo la mirada hacia lo trascendente14. Y la segunda perspectiva sería el de la vida concreta del sujeto humano, su existencia vital, que se convierte en lenguaje comunicativo del acontecer del Misterio de Dios en su vida15. Sabemos bien que el lenguaje es susceptible de lecturas e interpretaciones, porque de una u otra manera está siempre ligado a la subjetividad personal y ambiental, tanto del emisor como del receptor. Y en el ámbito de la mística, ya que hablamos de una experiencia que acontece en un sujeto, aunque esta recepción esté cualificada por la pasividad, el recipiente que la recibe, lo hace en su ser característico y concreto. Lo que, en cierto sentido, le da a la experiencia mística un carácter siempre único y personal. 13 Véase el capítulo 22 del Segundo libro de la Subida al Monte Carmelo. 14 Y así escribe Edith en Ser finito y ser eterno: «Mi ser, tal como yo lo encuentro y tal como yo me encuentro en él, es un ser nulo; yo no existo por mí mismo y por mí mismo nada soy, me encuentro a cada instante ante la nada y tengo que recibir el don del ser momento tras momento. Y, sin embargo, este ser vano o nulo es ser y por eso toco a cada instante la plenitud del ser. Hemos dicho antes que el devenir y el pasar, tal como lo encontramos en nosotros, nos revelan la idea del ser verdadero, del ser eterno e inmutable.»: OC III, 664-665. 15 Imposible en el tiempo de que disponemos hablar ambos aspectos en la amplitud que desarrolla Edith Stein a lo largo de toda su obra. Daremos solamente algunas pinceladas.

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