Actas del IV Congreso Internacional de Mística

29 “lainefabilidadquesehacecarne”lenguaje,místicayantropologíaenedithstein Pero estamos ante una experiencia fruitiva, es decir, incidente en el ser mismo del sujeto que, a partir de esa experiencia —cuando va unida al sello de autenticidad—, el sujeto que la sufre ya no es el mismo. Y esa transformación profunda que experimenta, si sigue siendo alimentada y favorecida, va configurando el modo de ser y de vivir del individuo. Lo expresaba claramente el evangelista san Juan en su primera carta: «El que ama conoce a Dios» (1Jn 4, 7). Un conocimiento que no es teórico, sino existencial, como la sabiduría de la cruz de San Pablo. Teresa de Jesús, por ejemplo, en el discernimiento que nos ofrece sobre la autenticidad de las experiencias místicas, siempre remite a los frutos existenciales: humildad, amor al prójimo, actitud de servicio, etc. Algo semejante encontramos en la obra sanjuanista, quien está convencido de que la experiencia mística tiene un efecto objetivamente transformador en la vida de las personas. Para Edith Stein la experiencia de los místicos abre un panorama mucho más amplio o más profundo también en relación con el conocimiento del ser del hombre, especialmente a la hora de entender la dimensión espiritual y anímica de su ser. Los místicos, para ella, son expertos en desvelar los entresijos más profundos del alma, a los que la simple reflexión racional es incapaz de llegar, porque se topan con el misterio. Por eso, conocer la vida íntima del alma (de donde brota la vida y el ser), sin la revelación y la “experiencia de los místicos”, nos resultaría un universo desconocido. Aún en el mismo conocimiento de sí, la persona que quiera llegar al más profundo centro de su ser y de su libertad, necesariamente ha de abrirse a la experiencia de Dios. A este respecto la reflexión que lleva a término Edith en muchos de sus trabajos antropológicos, lo confirman. Es tan rico el panorama que ella nos ofrece que desborda ahora los límites de nuestro objetivo, por eso baste este texto de Edith para constatar dicha afirmación: Pero no es posible ofrecer un cuadro preciso del alma —ni tan siquiera de forma somera y deficiente— sin llegar a hablar de lo que compone su vida íntima. Para ello, las experiencias fundamentales sobre las que hemos de basarnos son los testimonios de los grandes místicos de la vida de oración. Y en tal calidad, el “Castillo interior” es insuperable: ya sea por la riqueza de la experiencia interior de la Autora, que cuando "la inefabilidad que se hace carne" lenguaje, mística...

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