Actas del IV Congreso Internacional de Mística

36 actas del iv congreso internacional de literatura mística para la fe. También ella misma es ser espiritual y, por lo tanto, movimiento: una subida a alturas cada vez más incomprensibles y una bajada a abismos cada vez más profundos. Por eso, el conocimiento tiene que echar mano de sus múltiples expresiones, en cuanto esto sea posible. El Santo dice en un lugar que, sólo en la más profunda contemplación nos puede ser desvelado lo que la fe es.32 Y la fe es un saber en el que la persona hace donación de sí a Dios33. Principalmente porque la fe verdadera lleva a vivir en la confianza en Dios. Y de este modo es posible comprender hasta el fondo la vivencia de Edith Stein y cómo su existencia es revelación del acontecer de Dios en su vida: …si Dios se revela como “el ente”, como “creador” y “conservador”, y si el Salvador dice: “Aquel que cree en el hijo tiene la vida eterna”, éstas son respuestas claras a la cuestión enigmática que concierne a mi propio ser. Y si Dios me dice por la boca del profeta que me es más fiel que mi padre y mi madre y que Él es el amor mismo, reconozco cuán “razonable” es mi confianza en el brazo que me sostiene y cómo toda angustia de caer en la nada es insensata, mientras yo no me desprenda por mí mismo del brazo protector.34 Como se ha ido insinuando es un lenguaje, una palabra acogida que configura toda la vida de la persona. Un “saber” que en Edith Stein alcanza una expresión sublime en el ofrecimiento de su vida. No sólo por el martirio vivido en la cámara de gas, sino por el valor que ha ido configurando su vida, y que, desde el encuentro auténtico con Dios, transforma su vida en oblatividad y gratuidad. Ahí desaparece la inefabilidad, porque ahí el misterio se hace carne, se hace existencia. 32 Ib., p. 298. Alude al capítulo segundo del segundo libro de la Subida del Monte Carmelo de Juan de la Cruz. 33 En la Ciencia de la Cruz afirma: “Puede también llamarse “fe”: entregarse a la realidad a la que se refieren todas las verdades de fe: a Dios; y de tal manera puede uno darse, que no se piense en El a la luz de ninguna verdad de fe particular, sino que se entregue a Él, el Incomprensible que encierra en sí la sustancia de todas las verdades de fe y está sobre todas ellas en su incomprensibilidad, en tiniebla e indeterminación. En este entregarse el alma experimenta estar asida por el Dios misterioso e incompresible” En OC V, pp. 317-318. 34 Ser finito y ser eterno, en OC III, p. 667.

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