45 DIOSHECHOPALABRA:ENTRELAMÍSTICAYLOMÍSTICOENLAESPAÑADELOSSIGLOSXVI-XVII gracias porque me ha mostrado, a lo largo de mi vida hasta el momento presente, tanta piedad y misericordia. Terminaré con un Padrenuestro. (65-71,46-47) Hay claras coincidencias con los manuales franciscanos, sobre todo en la interiorización de la devotio y la imitatio, pero también en la apelación a los sentidos de tal manera que depende de las facultades sensoriales humanas y a la vez es incompatible con ellas. Sin embargo, la voz del autor tiene aquí un control total de su tema; está escribiendo sobre la oración mental sin que las huellas del propio proceso místico se filtren en el propio texto. Ya sea como efecto real de las experiencias místicas durante el proceso de escritura o como estrategia deliberada para evocar aquello-que-trasciende-el-lenguaje, los manuales anteriores reproducen la transgresión del logos dentro del texto, mientras que los Ejercicios reafirman el poder de la palabra para coordinar y controlar el espíritu. Los Ejercicios y el Diario divergen del misticismo de los Abecedarios y la Subida, pero en direcciones diferentes: el Diario renuncia tan completamente a toda pretensión de legibilidad, de comunicación entre humanos a través del lenguaje, que no tiene cabida en una economía discursiva. No tiene utilidad porque no tiene, ni puede tener, lector; es la cáscara desnuda de un cuerpo-espíritu-texto, las huellas dejadas por un Dios que no se hizo palabra. Es sistemático, en la medida en que Loyola parece haber tenido un sistema en sus anotaciones gráficas y medidas lacrimosas, pero sólo Loyola conservó la clave de ese sistema. El Diario no estaba destinado a la circulación; Loyola, lector de sí mismo y de su diario, no responde tanto con un texto como con una institución —la orden jesuita— y una praxis, “Los Ejercicios.” Así pues, los Ejercicios nacen de la experiencia mística y pueden ser conducentes entre ciertos practicantes a la experiencia mística, pero el registro de esa experiencia —las lágrimas, los signos ilegibles y otros marcadores de lo místico— quedan borrados del propio texto, subsumidos en la mística. Los jesuitas controlaron rápida y eficazmente la interpretación de los Ejercicios, y por eso la orden jesuita rara vez se incluye en los debates sobre misticismo. Sin embargo, los franciscanos y los carmelitas (y en menor medida algunas de las otras órdenes) no desconfiaron tan inmediatamente de las posibilidades de la circulación no regulada de dios hecho palabra: entre la místca y lo místico en la españa...
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