LA ACTUALIDAD DE LA VIVENCIA MÍSTICA (SIGLOS XX Y XXI) Luce López-Baralt Universidad de Puerto Rico San Agustín exclamó, tras su vivencia del éxtasis: “tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva” (Confesiones X, 38), reconociendo el carácter intemporal de la unión con Dios, ajena a la historia, pero perenne en el tiempo. Doce siglos más tarde, el físico y teólogo francés Blaise Pascal registró en su Memorial la dramática esencia de su éxtasis: tras fechar el suceso y expresar su aturdimiento con la palabra FEU sobredimensionada con desesperación sobre el papel, comprendió que estaba ante el “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, / no el Dios de los filósofos y los sabios...”1. Pasados dieciséis siglos, y tras experimentar la misma experiencia inefable, Ernesto Cardenal terció con el mismo aturdimiento: “¡Tú debes ser el que hizo los cielos y la tierra!”2. En nuestro imaginario colectivo occidental hemos solido circunscribir la gracia del éxtasis transformante a tiempos remotos y a espacios conventuales, pero se trata de una gracia infusa cuyo Misterio no se circunscribe a épocas, espacios, ni denominaciones religiosas limitantes. 1 Cf. Pascal 1960. 2 Cardenal 1970: 85-86.
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