52 actas del iv congreso internacional de literatura mística La experiencia teopática toma forma de elementos relacionados con las coordenadas culturales e históricas (y también con el temperamento) que el místico lleva a la experiencia. Los místicos usan—propone Stephen Katz—“los símbolos disponibles de su entorno cultural”9. Aun tomando todas estas variables en cuenta, confieso que me han resultado perfectamente familiares las expresiones de los místicos de las culturas más diversas con quienes he hablado, desde el maestro tibetano Yangsi Rimpoché hasta el filósofo libanés cristiano, Mijail Na’imy, que en Beirut me dibujó diseños geométricos para comunicarme su encuentro con el Todo. Otro tanto puedo decir de mis conversaciones con ‘Aziz Esmail, que fue mi compañero de oficina en el Center for Middle Eastern Studies de Harvard y hoy es una figura destacada del Instituto de Estudios Ismaelitas de Londres. Y ahí está mi amiga Silgia Navarro, de tradición protestante, que pese a no haber puesto por escrito su vivencia de Dios la ha compartido conmigo durante décadas. Añado el caso del filósofo iraní Seyyed Hossein Nasr, cuyos versos místicos traduje con entusiasmo10, y de la islamóloga alemana Annemarie Schimmel, protestante pero practicante sufí, cuya delicada poesía extática vertí a mi vez al español11. Bruno Rosario Candelier, Director de la Academia Dominicana de la Lengua, por su parte, incluyó en su novela El sueño era Cipango una confesión mística en la que se sintió “abrazado por una luz” y “poseído por lo contemplado”. Debo decir que escuché de labios del mismísimo autor la misma confesión maravillada. Que por cierto no era disímil de la que me confió un profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, ya fallecido. Se sintió tan avasallado cuando le sobrevino la experiencia que estuvo tentado a recluirse en un monasterio. Cada místico reacciona de manera distinta a su vivencia: pasado su pasmo, mi colega de la Complutense continuó con su cátedra. Ezmail practicó la reclusión monacal durante años, pero luego se psicoanalizó y decidió explorar otros aspectos de su ser que llevaba desatendidos, y terminó doctorándose y contrayendo matrimonio, sin que estas circunstancias sacaran sus vivencias místicas del centro de su vida. Los citados maestros religiosos siguieron su camino de docencia espiritual y los laicos su vida de servicio: como dice la máxima oriental: “después de la iluminación, a seguir lavando los platos”. 9 Katz 1978: 24. 10 Los traduje bajo el título de Poemas de la vía mística (Nasr 2002). 11 Incluí los versos en versión española en El sol a medianoche (Cf. López-Baralt 1996/2017): 235-244.
RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=