56 actas del iv congreso internacional de literatura mística y ya no podrá jamás gozar en nada que no sea eso […] porque […] está loca de amor y de nostalgia por lo que ha probado […] (pp. 185 y ss.). Cardenal retoma su discurso místico en su Cántico cósmico, hermanándose con los contemplativos de las persuasiones religiosas más diversas, para luego redactar nuevos poemas espirituales hacia 1993, pensando ampliar su Cántico. Pero los versos tenían una fuerza independiente, y le sugerí que los publicara aparte con un prólogo explicatorio. “Ni ante un paredón de fusilamiento lo prologaría. Prológalo vos”, me reclamó el poeta, y así lo hice24, porque pude decir las cosas que Cardenal, por modestia, no diría acerca de su camino espiritual. Así surge el Telescopio en la noche oscura, en el que declara: “hay un erotismo sin los sentidos, para muy pocos, en el que soy experto” (p. 40). Cardenal fecha aquí por primera vez la gracia mística, recibida un 2 de junio de 1956, dándonos noticia de su indefensión: “Así triunfal tú también entraste de pronto dentro de mí / y mi almita indefensa queriendo tapar sus vergüenzas…” (p. 67). Ningún místico se siente acreedor del éxtasis: “En la hamaca sentí que me decías / no te escogí porque fueras santo / o con madera de santo / santos he tenido demasiados / te escogí para variar” (p. 47). En 1999 Cardenal reitera sus reflexiones místicas en su autobiografía, Vida perdida, que reescribe a Lucas (9:24): “el que pierda su vida por mí, la salvará”25. Aquí asegura que ha vivido siempre a la luz del alto don místico recibido. Ya en los Versos del pluriverso (2005), el poeta se une a los grandes cantores del universo estrellado —Boecio, Ibn Gabirol, fray Luis, Dante— pero en clave de la Termodinámica y la astrofísica de Einstein, Feynman, Wheeler y Heisenberg, que para colmo puntea con las teorías evolucionistas de Teilhard de Chardin. Con este novedoso lenguaje cuántico, Cardenal pone al día la expresión literaria de la vivencia teopática. Y todo ello, sin olvidar el amor humano, que jamás cesa de cantar. 24 El libro vio la luz en Trotta de Madrid, con mi prólogo adjunto (1993). 25 Cito por la edición de Seix Barral, Barcelona (1999).
RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=