65 la actualidad de la vivencia mística (siglos xx y xxi) Perpleja ante todo lo que me había confesado, y, dado lo lúdico que Borges podía ser, quise constatar que me estaba confiando una vivencia auténtica. Procedí pues a preguntarle una vez más sobre la theopoiesis que había experimentado, pero ahora en el conversatorio público posterior a su conferencia. Si bien abreviadamente, reiteró lo dicho. Difícil dudar de su sinceridad. Volví a encontrarme con Borges en la Universidad de Chicago y volvimos a hablar sobre sus estados alterados de conciencia. Insistió en describir como “místicas” sus vivencias y aclaró que le era imposible buscarlas y mucho menos retenerlas, porque constituían una experiencia infusa. De nuevo me dio cuenta de la imposibilidad de poder comunicarme lo vivido: era como explicarle el sabor del café a alguien que jamás lo hubiese probado. Borges me intentaba comunicar la imposibilidad de comunicar. Una vez más, advertí la reverencia con la que me hablaba. Durante aquellos intercambios el maestro nunca recurrió a su ironía defensiva ni a sus socorridas citas librescas. Tampoco tuvo a mal mis preguntas: nuestra complicidad no daba lugar a bromas ni a evasiones. Y, con todo, decidí repetir mi aventura investigativa y pregunté en público a Borges sobre lo que me decía en privado. Su respuesta fue, de nuevo, inequívoca: aseguró que había tenido dos experiencias místicas y jamás había podido olvidarlas. Le pedí que nos hablara con más detalle, pero esta vez me aleccionó diciendo: “Ud. escribe sobre san Juan de la Cruz y sabe bien que no le puedo contestar. Estas experiencias no son para ser compartidas”. El maestro también habló de sus raptos místicos con María Kodama y con un monje Zen de un monasterio de Kioto, que le explicó que había tenido la experiencia del satori o iluminación. Borges decidió entonces pasar un año en el monasterio de Kioto junto a María, donde habría de usar el método del koan (una frase absurda que el maestro da al discípulo para ver qué reacciones espirituales suscita en él). El solo hecho de que Borges proyectara pasar un año en este monasterio japonés para explorar sus vivencias espirituales nos da una idea de cuán en serio las tomaba. Pero el destino no estuvo de su parte, porque enfermó de cáncer antes de emprender su peregrinación58. 58 Sobre estos temas, véase la entrevista que le hice a María Kodama junto a Emilio Ricardo Báez Rivera (López-Baralt/Báez Rivera 1996-2017).
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