Actas del IV Congreso Internacional de Mística

67 la actualidad de la vivencia mística (siglos xx y xxi) hugo mujica “Me pasa el volverme luz”, me confesó el poeta Hugo Mujica, de seguro sin saber que urdía un verso conmovedor. “Sobre todo cuando hago yoga, medito o cuando me invade la risa”, aclaró. Me reuní largamente en Buenos Aires con mi antiguo amigo el pasado 26 de septiembre de 2023, y no puso objeción cuando le pregunté si podía citarlo sobre lo conversado lo que conversamos sobre sus vivencias místicas ya que, me aseguró, fue la primera vez que hablaba de ellas con alguien. Mujica, traducido a diez idiomas y en la actualidad uno de los máximos poetas en lengua española, ha tenido una vida azarosa. Desde los trece años trabaja como obrero de una fábrica y ya en la década de los sesenta vive en el Greenwhich Village de Nueva York, donde expone sus pinturas. Participa en experimentos relacionados con las drogas alucinógenas y su impacto en la creatividad y más tarde, cuando siente el llamado espiritual, pasa dos años formándose con Swami Satchidananda. Viajando con él llega a un monasterio trapense, donde sintió que “the air was thick with love”. Permanecerá en la Trapa siete años. No fue un gran cambio, pues “La Trapa es casi Zen”, me aseguró Hugo. Fue entonces que se hizo poeta: mientras preparaba té, vio cómo se ponía el sol tras una ventana redonda. Y surge su primer haiku “Se pone el sol tras la ventana de la cocina / el té está casi listo”. En los orientales, en cambio, no predomina, o predominaba, la subjetividad y pueden ver más fácilmente la otredad tal cual es, no a través de sus propias emociones. Esto lo expresa Mujica en su poética del vacío, que para él equivale a plenitud61. Como monje vive en Francia y Argentina y visita al Monte Athos, en Grecia, para experimentar con la tradición hesicasta, y tras esto se ordena sacerdote, vocación que Mujica conjuga al presente con su escritura y sus seminarios internacionales. Su condición de clérigo le permite servir de manera directa al prójimo sufriente o necesitado: me explicó que en el fondo está en la Iglesia por compasión al prójimo— para ayudarlo a que pueda creer en la Trascendencia antes de morir. Con su gran sentido del humor me añadió que Ernesto Sábato iba a su misa, “porque no podía largar a Dios”. Como conocí de primera mano las inclinaciones espirituales del célebre novelista, sabía que mi amigo llevaba razón. 61 Cf. su libro Poéticas del vacío (2009-cuarta edición) y Esperanza López Parada Poéticas del vacío de Hugo Mujica (2002) y Rodríguez Francia, “El ya, pero todavía no’’ en la poesía de Hugo Mujica (2007). Remito a la Bibliografía un grupo representativo de las obras del poeta.

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