68 actas del iv congreso internacional de literatura mística Hugo Mujica ha sido considerado como un pensador metafísico, pero ni siquiera su brillante exégeta Silvia Julia Campana lo considera un “místico”62. Sin embargo, todo lo conversado con Hugo acerca de sus experiencias sobrenaturales me dejó convencida de que es un místico en todo el sentido de la palabra. Sospecho incluso que estamos ante un “místico crónico” dado lo frecuente de sus vivencias de Dios. He aquí una de las que compartió conmigo: estando al aire libre, Hugo siente que de súbito “se encendió desde dentro el campo”, y le fue dado comprender que toda la naturaleza estaba aureolada de eternidad. En medio de su gozo, el poeta advierte por primera vez la presencia de las flores más modestas y les susurra: “perdón, no te había visto”. Imposible no recordar a san Ignacio, cuando tocaba suavemente con su bastón las florecillas del campo, diciéndoles: “Callad, ya sé lo que me decís”63. La percepción hierofánica de Mujica en el campo encendido sigue la misma línea de la vivencia que Teilhard de Chardin describe en su “Visión de Cristo en el universo”64. El teólogo cae en un estado alterado de conciencia frente a un cuadro de Jesús y advierte en relación con la energía crística cómo la vibrante atmósfera que aureolaba a Cristo […] irradiaba hasta el infinito. [..] ¡El universo entero vibraba! (p. 119) […] con la “cooperación continuada de todas las energías y de todo el orden de la materia” (ibid., p. 120). En el rostro transfigurado de Jesús brillaban “las luces de todas nuestras hermosuras”. Concluye Chardin que: “Este centelleo de hermosuras era tan total, tan envolvente, tan rápido […], que mi ser, […] penetrado en todas sus potencias a la vez, vibraba hasta su misma médula, en una nota de dilatación y felicidad rigurosamente única”. (Ibid., p. 121). No es de extrañar que Chardin, capaz de percibir la energía crística con tal pasión, haya defendido la “Santa Materia”, y que Hugo Mujica me compartiera sus reservas con el Budismo: “tiene demasiado respeto a lo Real pero no así a lo humano”. Otro tanto le acontece al filósofo Manuel García Morente, tras su conversión religiosa en los años de la Guerra Civil española. Experimenta una visión de Cristo “clavado en la cruz en una eminencia 62 “Él no es un místico, pero sabe que la palabra poética no agota la realidad”. Cf. “Mi decir lo que el silencio nombra”: el lenguaje poético-místico que acoge la vida en apertura con la otredad”. Agradezco vivamente a la autora que me facilitara su ensayo, aun en prensa en las VIII Jornadas del IX Congreso Internacional de ALALITE, tituladas “Las metáforas de la vida”. 63 Apud Hipólito Jerez (1956: 32). 64 Cito el ensayo de Chardin “Visión de Cristo en el Universo” (2001).
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