Actas del IV Congreso Internacional de Mística

84 actas del iv congreso internacional de literatura mística música de las aves hasta el Creador. El sabio debe entonces permanecer forzosamente en su habitación, apenado y ajeno a todo contacto con sus amados pájaros, viendo desvirtuado y frustrado por completo el propósito que lo llevó a construir su maravillosa morada. Para intentar evitar esto, el artesano decidió cavar unas zanjas en el fondo del huerto. Aquellos pájaros que incumplen las reglas y desordenan el microcosmos donde se les permitió vivir, en lugar de ascender al portentoso patio, son arrojados a una de las zanjas y cubiertos con el polvo que generó su conducta. Una vez allí, son obligados a luchar para librarse de la suciedad que recubre sus alas, procurando recuperar la dignidad de elevarse a las alturas a fin de unir su voz agradecida con el resto de los pájaros. Algunos, ahogados para siempre bajo la polvareda de sus malas acciones, jamás vuelven a contemplar y cantar en los niveles superiores del palacio; otros, en cambio, tras haber escarmentado el castigo de su inconducta, restablecen el equilibrio en sus vidas y vuelven a disfrutar del privilegio del amor de su Creador. Este hermoso texto de Cordovero que, según Giller (143), recuerda las incursiones en el «realismo mágico» de autores judíos posteriores como Sansón de Ostropol (†1648) o el ‘Rebe’ Najman de Breslov (†1810), encierra un profundo entramado simbólico, a cuya explicación el RaMaK dedica varios capítulos de Shi’ur Qomah (Sack 319-361; Giller 77 n. 71). Desde los presupuestos de la mentalidad de los cabalistas de Safed (Fine 187-258), una mirada atenta reconoce inmediatamente que los pájaros del «jardín prodigioso» refieren al género humano en su conjunto; los pájaros del «patio singular», a los ángeles y las entidades celestiales; el polvo con el que el sabio decidió recubrir el suelo del huerto, al lado demoníaco de la existencia, necesario, sin embargo, para que todo lo existente crezca y se desarrolle; los amplios salones y mansiones, al plano divino con sus sefirot; las «zanjas» cavadas en el fondo del huerto, al Infierno; el sabio recluido en la recámara secreta, a Ein Sof —אין סוף— o el aspecto absolutamente trascendente de Dios; y la melodía, a los preceptos o mitzvot de la Torá. En la parábola puede adivinarse, in nuce, la visión esquemática que los cabalistas de Safed tenían acerca del papel del hombre en el plan de Dios y la importancia del timor Domini para la armonía del universo, en cuya

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