Actas del IV Congreso Internacional de Mística

85 moiséscordoveroyteresadejesús:amorytemoreneljardíncompartido narrativa adquiere un papel preponderante la imagen del «huerto» o el «jardín» que escenifica el locus donde transcurre el plano de la existencia humana en directa conexión con el plano celestial o divino. Este esquema general, heredado principalmente de la literatura del Zohar, cuyo corpus fue completado hacia fines del siglo XIII y es sistematizado por Moisés Cordovero a mediados del XVI, da cuenta de un modelo teosófico-teúrgico que postula, por un lado, un «mapa» de la divinidad, de estructura antropomórfica y dinámica compleja, constituido por diez entidades conceptuales o sefirot mediante las cuales Dios manifiesta su realidad, y cuya interacción permite conocer y detallar sus misteriosos modos de acción. Por otro, la necesidad de la influencia humana —específicamente, del cumplimiento estricto de los preceptos o mitzvot que definen la vida judía— para que Dios pueda restablecer la armonía en su interior, rota por el pecado original del hombre, según la premisa fundamental, común a toda la mística judía, que pone en relación el amor de Dios demostrado cuando decidió crear el mundo y el temor que le deben sus criaturas. Por este camino, los camaradas o «compañeros6 del Jardín del Nogal» como también se los conoce en la literatura zohárica7, que concebían la palabra de la Torá como un organismo vivo de insondable vida interior, podían comprender el sentido oculto de las obligaciones que los constituían como miembros del Pueblo del Pacto, manifestando, al mismo tiempo, una confianza en la eficacia mediadora de los preceptos para la unión amorosa con Dios similar a la que, en la tradición cristiana, Eckhart, Erasmo, e incluso más tarde Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, hallaron en la mediación de la eucaristía (Screech 168; Wolfson 1988, 1998). Ahora bien, el tópico literario que concibe a Dios como una fuente de energía que emana y fluye sin cesar hacia el mundo sensible, llenándolo de su amorosa vitalidad creadora, con todas las implicancias cósmicas de las intermitencias o interrupciones de este contínuum causadas por la inconducta de las criaturas, permea no solo el modelo de la Cábala teosófica, sino también la mayor parte de la mística occidental de raigambre neoplatónica (Sanson 218), lo que permite contextualizar adecuadamente la parábola o mashal ( ) 6 Los «ḥavrayya», también llamados «rostro de la Shejiná, porque la Shejiná —es decir, la presencia de Dios en el mundo sensible— está oculta en su interior» (Zohar 2:163b). Véase, asimismo, a este respecto: Zohar 1:94b; 2: 5a, 50a; 3:6b, 148a, 298a; ZḤ 11c (MhN). 7 Para la simbología de la nuez —egoz— o el Jardín del Nogal —ginat egoz— en el contexto de la cosmovisión cabalística, véase: Zohar 1:19b–20a; 2:108b, 140b–141a; 3: 227a–b; Tikkunei haZohar 18, 36a; también: Abrams 1997 40-73; Morlok 2011 209 ss. moises cordovero y teresa de jesús: amor y temor en el jardin...

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=