Actas del IV Congreso Internacional de Mística

88 actas del iv congreso internacional de literatura mística arboreto místico perteneciente a la misma tradición cristiana14. Como sabemos desde los trabajos de Tomás Álvarez (2005, 2011)15, Teresa construye su imaginario del huerto místico —donde el alma, en su búsqueda de unión con Dios, experimenta un proceso de reconversión o desasimiento espiritual—, a partir de tres antecedentes distintos, a saber: el Jardín del Edén de Génesis 2:15, el de los amantes del capítulo 4 del Cantica Canticorum y el de la Nueva Jerusalén de Apocalipsis 21: 9-27. Todos ellos dan cuenta de espacios cerrados, regados por fuentes de agua que se convierten en ríos, y cuya abundancia de árboles frutales, flores y pájaros testimonia la plenitud y eterna primavera del espíritu. Ahora bien, la circunstancia de que la santa haya decidido utilizar todas las posibilidades expresivas de este «jardín» para mostrar diversos aspectos «técnicos» y simbólicos de la experiencia mística, como la importancia de la práctica progresiva de la virtud y el ejercicio orante en procura de la unión amorosa con Dios, la «arquitectura» del alma —como en las Moradas, en donde el castillo es también un «huerto»—, o su sutil dinamismo interior —como en la dramatización de las cuatro formas de «regar el huerto» del tratadillo de la oración—, da cuenta de dos realidades filológicas bien distintas. La primera de ellas es la inserción de Teresa, ya estudiada, en la tradición iconográfica mariana que, iniciada con San Ambrosio y San Jerónimo, y cristalizada a partir de la exégesis medieval de Cantar de los Cantares 4:12-16, releyó la figura de la Virgen como hortus conclusus —«huerto cerrado»—, fons signatus —«fuente sellada»— y fons hortorum —«fuente de los huertos»—16, reafirmando con ello el aspecto femenino del «jardín místico», lo que desembocó, en pleno Siglo de Oro español, en el tópico de la exhortación a la mujer a imitar a la Madre de Dios. La siguiente realidad es la constatación de que un símbolo tan estratificado como lo es el «huerto» de la santa, que agrupa, entre otras imágenes polisémicas y concomitantes, las del agua, el hortelano o los frutos, también reserva un lugar de importancia a la metáfora de los pájaros, que si bien cuenta 14 Véase ut supra, n. 1. 15 Véase, con provecho, asimismo: Sebastián 76-91. 16 Hortus conclusus soror mea, sponsa, hortus conclusus, fons signatus/ Emissiones tuæ paradisus malorum punicorum, cum pomorum fructibus, cypri cum nardo/ Nardus et crocus, fistula et cinnamomum, cum universis lignis Libani; myrrha et aloë, cum omnibus primis unguentis/ Fons hortorum, puteus aquarum viventium, quæ fluunt impetu de Libano/ SPONSA. Surge, aquilo, et veni, auster: perfla hortum meum, et fluant aromata illius (Migne Patrologia Latina Tomus 28, 1288C).

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=