89 moiséscordoveroyteresadejesús:amorytemoreneljardíncompartido con un menor número de ocurrencias textuales, es tan central en la construcción de su discurso místico como lo es aquella de las «flores» que emplea al nombrar las virtudes que hermosean el alma en su camino hacia Dios. Ahora bien, para mostrar gráficamente cómo Teresa y Cordovero hacen dialogar al amor y el temor divinos recurriendo a la imagen del jardín místico, compartiré a continuación un grabado que describe una forma de interpretar el proceso espiritual teresiano, para detenerme luego muy brevemente en ciertas zonas textuales que permiten vincular algunos de sus aspectos con la forma en la que, durante el mismo siglo, el RaMaK dio cuenta de la experiencia mística judía. Dentro de la copiosa serie iconográfica17 que permite testimoniar de qué manera los jardines místicos fueron, a partir del siglo XV (Webb 44-47), pero más enfáticamente a partir del XVI y el XVII (Pascua Sánchez 2019), el modo de representación privilegiado de la meditación religiosa y del camino de peregrinación del alma hacia la unión más íntima con lo divino, hay varios ejemplos que destacan porque permiten dar cuenta de la especificidad de la tradición carmelitana, caracterizada por elementos generales y particulares muy precisos. Entre ellos, el especial énfasis en la lectura alegórica del Monte Carmelo —el locus imaginario por excelencia de la Orden—, que, en la mejor tradición del paradisus anima de Gregorio de Nisa, es leído no sólo como un «huerto deleitoso»18 que guarda la virginidad y fidelidad de la Virgen Tota Pulchra, o el espacio privado y amoroso de la superior contemplación al que conduce el camino de mortificación, recogimiento y devoción propugnado por los santos abulenses, sino también como el privilegiado territorio simbólico donde Teresa de Ávila puede hablar más a sus anchas de la íntima y 17 Nos referimos, por supuesto, a ciertos antecedentes pictóricos como La adoración del Cordero Místico o Políptico de Gante de los hermanos Hubert y Jan van Eyck (1432), o a la riqueza de testimonios aportados por la emblemática, cuyo caso paradigmático son las Representaciones de la verdad vestida, místicas, morales y alegóricas sobre las Siete Moradas de Santa Teresa, creadas con la Noche Oscura del B. Fr. Juan de la Cruz, de fray Juan de Rojas y Ausa (Madrid: 1677), en la que ya nos hemos detenido (Esquenazi 2018). Véase, asimismo, la tesis doctoral de Diego González Ruiz, Estudio y edición de Representaciones de la Verdad Vestida, Místicas, Morales y Alegóricas de Fray Juan de Rojas y Ausa, Universidad de la Coruña, 2014. 18 Como lo describe la santa, cuando Dios la reconviene, según entiende en Vida, con la imagen del hortus conclusus en respuesta a la envidia que sentía por quienes vivían la regla de los Padres del desierto, despertando su alma «con una luz tan grande en lo interior que me parece estaba en otro mundo, y hallóse el espíritu dentro de sí en una floresta y huerto muy deleitoso, tanto que me hizo acordar lo que dice en los Cantares: Veniat delectus meus in hortum suum” [nuestro énfasis]. moises cordovero y teresa de jesús: amor y temor en el jardin...
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