Actas del IV Congreso Internacional de Mística

90 actas del iv congreso internacional de literatura mística dramática experiencia dialógica entre el amor desmesurado que Cristo le despierta y el temor de Dios que se le exige. La imagen a la que hemos hecho referencia [imagen], es el grabado de Juan Bernabé Palomino que sirvió como portada para el Castillo interior de la edición de las Obras de la gloriosa madre santa Teresa de Jesús, fundadora de la reforma, que vio la luz en Madrid, en la imprenta de Joseph de Ortega, en 1752. Esta estampa, en la que se representan en detalle gran parte de los tópicos de los «trabajos del alma» de la tradición carmelita, en el contexto de un jardín o Saltus Carmeli que es fiel reflejo del Paraíso edénico19, resulta muy útil para trazar paralelismos con el proceso de adoración divina que Moisés Cordovero detalla en su modelo de cábala teosófica. En principio, como puede apreciarse en el trabajo de Palomino, encontramos sugerentemente a Teresa ocupando con autoridad un espacio cerrado y lleno de flores, que alegorizan la laboriosidad de la Orden en el cultivo de las virtudes, con una ladera recortada en segundo plano, que responde al tópico místico-pictórico de la foresta con pájaros. La santa interpela al lector/espectador con su mirada, mientras señala, libro en mano, en una dirección un huerto, y en otra, una torre fortificada que simboliza el Castillo interior a cuyas moradas sus dirigidas espirituales procuran acceder. Hacia la izquierda de la escena, frente a la muralla palaciega, y separada por una lengua de tierra con una especie de serpentario que recuerda a las «zanjas» cavadas en el fondo del jardín de la parábola de Cordovero, se visualiza un río alimentado por la sangre de Cristo crucificado, que es luego recogida misericordiosamente por la Samaritana en la fuente que se adivina a la derecha del grabado (Kaddissy 2021). Entre el vergel y la escena de la crucifixión, en una de las dos líneas imaginarias que testimonian el carácter ascensional de la via mystica, vemos a una mujer, atareada con un torno y los arcaduces de una noria, que alegoriza la segunda de las «cuatro maneras de regar el huerto» del Tratadillo de oración de la santa20. En ella, el alma, luego del «trato a solas con Jesús» que introduce al creyente en el proceso del «conocimiento de sí» (V 11:9), muestra, como un hacendoso 19 Es decir, un «bosque o selva amena de mucho deleite y apacibilidad, oculto en el Carmelo, que así es equiparable al Paraíso o Jardín del Edén», como lo testimonia Francisco de Santa María, OCD, en su Historia General Profética de la orden de nuestra señora del Carmen (Madrid, Francisco Martínez, 1630, p. 62). 20 Que, como sabemos, Teresa testimonia en V 11:7, siguiendo también un esquema ascensional que describe simbólicamente los requisitos crecientes de abandono a la voluntad de Dios exigidos en el proceso orante de la praxis mística, según el cual el «huerto del alma» recibe el «agua de vida del Cordero», «o con sacar el agua de un pozo», [...] o con noria y arcaduces [...], o de un río o arroyo [...] o con llover mucho».

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