69 hacia la libertad en la verdad: conflictos, identidad y derechos La verdad en el plano personal íntimo y espiritual siempre plantea el comenzar por entender lo que somos. Tantas incógnitas nos acompañan y giran alrededor del soy. Tantas dudas, tantos misterios a nuestro alrededor. Desde nuestra propia creación. Desde Adán y Eva hasta la aparición del homo sapiens. El hombre quiere saber cómo surge, debe explicarse y entender cómo nace. Y los cristianos encontramos respuestas, lo explicamos desde la fe que sostiene la verdad del existir. Pero la propia creación nos hizo sabios, curiosos, imprudentes y preguntamos y cuestionamos sobre el tema desde esa inteligencia con la que fuimos dotados, queriendo la explicación que también ofrece la razón. Esta no es necesariamente la convocatoria del día, pero me ha sido imposible dejar pasar estas consideraciones y profundos misterios que bajo el título propuesto se me aparecían mientras me preparaba para el encuentro con ustedes. Ha dicho el papa Francisco, “El Big-Bang —la teoría científica que explica el origen del universo— no se contradice con la intervención creadora divina, al contrario, la exige”. Ante la Academia Pontificia de las Ciencias en 2014, el pontífice explicó que la evolución de la naturaleza no se contradice con la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan. Exponer lo contrario sería decir que el maravilloso diseño del Universo no tuvo diseñador. La evolución biológica fue un proceso de 3.5 billones de años. Dicen los teólogos que fue un proceso dirigido por Dios, fue un avanzar y un desarrollo de la materia viva hasta que, en el caso del humano, fuera apta para que dentro de ella habitara un alma. El papa advierte del peligro de imaginar a Dios “como un mago, con una varita mágica”. Cuando leemos en el Génesis la narración de la creación podemos caer en el peligro de imaginar que Dios era un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Él creó a todos los seres y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno para que llegaran a su plenitud. El santo padre insistió: “El principio del universo no es obra del caos, sino que deriva directamente de un poder supremo, creador del amor”. Y al decir de Juan Pablo II en su carta encíclica Veritatis splendor “El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios”. “conoceréis la verdad y la verdad os hará libre”: el caso de puerto rico
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