Guía de la PUCPR para inventariar y catalogar bienes culturales eclesiásticos en Puerto Rico

Guía de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico para inventariar y catalogar bienes culturales eclesiásticos en Puerto Rico 9 todos aquellos objetos litúrgicos o devocionales que formen parte de los espacios eclesiásticos, incluyendo los espacios mismos. Esto implica principalmente espacios de culto, pero también conventos, monasterios, ermitas, residencias obispales, entre otros, que sirvan a la misión de la Iglesia y posean, como se citó anteriormente, “una apreciable dimensión de representación religiosa”, es decir, que expresen lo que la Iglesia cree y celebra. En una iglesia parroquial, por ejemplo, debería registrarse todo aquello que se utilice para el culto y la piedad de los fieles. A pesar de esto, los trabajadores del proyecto pueden basar su labor en un criterio más restrictivo, por ejemplo, fundamentándose en el valor artístico, artesanal o histórico de los objetos. Esto implicaría hacer una selección de los objetos más destacados o valorables con un ojo crítico. El problema de esto es que, como dice el refrán, “al mejor cazador se le escapa la liebre”, lo cual podría resultar en que se dejara fuera algún objeto que, en una primera instancia, no se juzgó significativo. Quizá el mejor criterio sería el expuesto anteriormente. El equipo de trabajo deberá decidir, desde el principio, qué se va a inventariar y en qué orden, siguiendo un plan para dirigir el esfuerzo. Esto quedaría al arbitrio de sus miembros. Se aconseja hacer la labor por sectores dentro del espacio: en una iglesia, por ejemplo, empezar con el presbiterio, luego la nave central, después las naves laterales, la sacristía, y lo demás. Se podría hacer considerando las categorías de objetos, es decir, empezar por los muebles y terminar con el inmueble o viceversa. Si se concluyera el trabajo en un espacio y posteriormente se adquirieran nuevos objetos, se recomienda registrarlos tan pronto pasen a formar parte del espacio. También, si un objeto se donara o trasladara a otro lugar, convendría anotar esto en la ficha correspondiente donde se ofrece un campo para información adicional, así se tendría un rastro del objeto. Se recomienda a los encargados de los espacios que anoten en una bitácora las piezas prestadas a otros lugares, de modo que se sepa dónde están y puedan devolverse a su lugar de origen, como también las que estén prestadas en dichos espacios por un tiempo definido o indefinido. Estas últimas no se deben inventariar, pues no pertenecen a dicho espacio. En cuanto al marcaje de los objetos, si bien se aconseja hacerlo para colecciones museísticas, su ejecución es problemática en el caso de los objetos litúrgicos y devocionales, sobre todo aquellos de uso diario en espacios de culto activo. Por otro lado, el marcaje siempre implica alguna intervención material con el objeto, lo cual es preferible evitar. Se entiende que una descripción minuciosa del objeto y buenas fotografías donde se capten sus detalles, las “huellas digitales” de su identidad, deberían ser suficientes para poder identificarlo.

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