Importancia y Responsabilidad Personal en la Formación Cristiana para el facultativo de la PUCPR

importancia y responsabilidad personal en la formación cristiana para el facultativo de la pontificia universidad católica de puerto rico 6 y que sean el verdadero corazón para el episcopado, sin escatimar esfuerzos, atenciones y acompañamiento. La situación actual exige una formación de calidad a todos los niveles. Los obispos no pueden delegar este cometido. Ustedes no pueden delegar esta tarea, sino asumirla como algo fundamental para el camino de sus Iglesias.” El Padre Marcial Maciel, LC en carta dirigida a su fundación religiosa Legionarios de Cristo con ocasión de la publicación del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica compartía algunos pensamientos y exhortaciones referentes a la importancia de la formación como cultivo de la fe en Cristo y sus verdades custodiadas y transmitidas por la Iglesia. A continuación comparto un esbozo de las ideas principales de este escrito del Padre Maciel: 1. importancia y necesidad de la formación en la fe. «Estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza»/ ( 1Ped 3,15). Esta era la invitación del primer Papa a los primeros cristianos que debían moverse en un mundo pagano y hostil. Un mundo que guarda muchas semejanzas con el nuestro y en el que, no obstante la acción transformadora del cristianismo durante veinte siglos, asistimos a un florecimiento de nuevas formas de paganismo y secularismo. Para poder dar razón de nuestra fe y para vivirla con autenticidad necesitamos primero conocerla y estar convencidos de ella. Ciertamente nuestra fe es un don gratuito que hemos recibido de Dios, pero esto no significa que haya de ser irracional y ciega. Tenemos motivos para creer. Vivimos en un ambiente en el que continuamente se ponen en tela de juicio e incluso se atacan frontalmente nuestras creencias y valores más importantes. Está cada vez más difundida una mentalidad y un estilo de vida contrarios al Evangelio y a la verdadera dignidad de la persona humana. Y esto lo constatamos no sólo en algunos medios de comunicación y campañas publicitarias, o en los programas de educación y en la legislación de algunos gobiernos, sino incluso en las conversaciones ordinarias con los compañeros de trabajo o con los amigos. Da la impresión de que ser «moderno» y «católico» se contraponen, más aún, que son realidades incompatibles. Muchos, ante esta situación, se sienten confundidos y no saben cómo reaccionar a los problemas. Otros se limitan a encogerse de hombros en silencio o, a lo sumo, responden con un «la Iglesia lo dice», pero no saben por qué lo dice y ni siquiera se lo han planteado. Algunos parece que viven su fe y su condición de católicos con un cierto complejo de inferioridad, como avergonzados por el hecho de

RkJQdWJsaXNoZXIy NzUzNTA=