Koinonía 2007-2008

Familia y bien común 77 familia, nos han revelado que es todavía patrimonio cultural de los puertorriqueños la convicción de que la sociedad se rige sobre una célula constitutiva que es la familia: en otras palabras, Puerto Rico pide que se reconozca como un bien común fundamental la familia, sociedad natural fundada en el matrimonio como pacto-ligamen, socialmente reconocido, entre un hombre y una mujer. Sólo en ella, en efecto “los cónyuges se entregan recíprocamente en todos los aspectos de la persona, físicos y espirituales” ( Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, 217), realizando aquella unidad en la fidelidad que abre y da sentido a la fecundidad, es decir, a la generación y educación de los hijos. La familia así entendida es la única institución que puede engendrar lazos afectivos estables, cohesión y asunción de responsabilidad. “Todo modelo social que busque el bien del hombre no puede prescindir de la centralidad y la responsabilidad social de la familia” ( CDSI , 214), porque “la familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad” ( CDSI , 213). Tal vez está precisamente aquí la razón de tantos ataques a la institución familiar: la familia es la última comunidad que resiste al intento de reducir la sociedad humana a una masa de individuos extraños, aislados, fácilmente manipulados por el poder. En efecto, la familia, “contra toda tendencia de tipo individualista y colectivista” custodia la afirmación de la primacía de la persona, “porque en ella la persona está siempre al centro de la atención en cuanto fin y nunca como medio” ( CDSI , 213). ¿Qué hacer? Si la realización de este ideal de bien común, hoy en Puerto Rico, se ve frágil o en peligro, significa precisamente que como todo bien social que peligra hay que trabajar para que no se pierda. Hay que ayudar antes que nada a los jóvenes a hacer familia. Esto implica ante todo una tarea educativa. Se trata de invertir la tendencia al relativismo moral de la que hablábamos al principio. Aquí recae precisamente la responsabilidad de todas las instituciones educativas a todos los niveles para que los jóvenes sean ayudados a superar el relativismo moral y el individualismo egoísta y descubran el valor y la belleza del matrimonio y de la familia, de la paternidad y maternidad responsable, en una palabra, sean introducidos a la aventura de la vida adulta llenos de razones y de motivaciones para sostener los

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